hola chicas k tal estais todas? pues vereis esta semana me leí Ciudad de huesos de la saga de Cazadores de Sombras de Cassandra Clare, y cuando me fui a leer el 2º, Ciudad de Cenizas, me he encontrado con una pésima traducción, creo k me voy a poner a arreglala, se k no tiene nada k ver cn Merry, pero si alguna le interesa... k opinais?
Un beso
Divine Misdemeanors
martes, 5 de abril de 2011
domingo, 12 de septiembre de 2010
Libro
Hola gente, he estado liada con asuntos de universidad y no he podido subir capitulos, y cuando me he metido en internet me he encontrado con que el tribunal de las hadas lo ha traducido ya, asi que os pongo directamente el enlace.
http://www.4shared.com/get/swyeqZMU/Meredith_Gentry_08_-DELITOS_ME.html
Un beso a todos, y en breve borrare el blog. ciaoo
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Un beso a todos, y en breve borrare el blog. ciaoo
jueves, 22 de julio de 2010
Capítulo 14
La casa de la playa de Maeve se asentaba sobre el océano, mitad en el acantilado y mitad en el bosque, diseñada con soportes de cemento para resistir terremotos, avalanchas y cualquier cosa que el clima del Sur de California pudiera tirar a la casa. Asentada en una comunidad exclusiva con vigilantes uniformados y una casa del guarda. Todo para mantener a la prensa que nos seguía alejada. Porque al final nos encontrarían. Tenía que ser algún tipo de magia como siempre nos encontraban de nuevo, como un perro frente a un rastro. No había tantas curvas cerradas en la carretera, pero suficientes para tener que parar y buscar mientras nosotros atravesábamos la entrada.
Ernie estaba en la puerta. Era un viejo afroamericano quien una vez fue un soldado, pero había sido herido de tal manera que su ejército se precipitó en traerlo de vuelta. Él nunca me contaría de qué manera había sido herido, y sabía suficiente sobre la cultura humana como para no preguntar al respecto.
Él frunció el ceño hacia los coches aparcados pasando la entrada. “Llamaré a la policía si ellos violan la propiedad privada.”
“Permanecerán al otro lado de la puerta mientras estés en tu deber, Ernie.” Dije.
El me sonrió. “Gracias, Princesa. Seré el mejor.” Golpeó ligeramente un imaginario sombrero hacia Doyle y Frost, “Señores.”
Asintieron de vuelta y nos fuimos. Si la casa de la playa no tuviera una puerta trasera, estaríamos a la merced de la prensa, y después de ver el destrozo de ventanas en la tienda de Matilda, pensé que podría ser de buena idea esta noche. Sería bueno pensar que el accidente haría a los paparazzis echarse atrás, pero probablemente habrían muchas más noticias. Era irónico, pero completamente cierto.
El teléfono del coche sonó. Hablé hacia el micrófono.
“Hola.”
“Merry, ¿Estáis cerca de la casa?” Preguntó Rhys.
“Casi allí,” dije.
Se rió ahogadamente, sonando diminuto por el bluetooth. “Bien, nuestro cocinero está de los nervios con que la comida estará fría antes de que lleguéis.”
“¿Galen?”
“Sip, incluso la ha puesto en el fogón, pero estaba inquieto sobre que no iba a apurarte. Barinthus me contó que llamaste y le contaste que algo pasó, ¿Estás bien?”
“Bien, pero cansada,” dije.
Doyle habló fuertemente, “Estamos casi en el desvío.”
“El bluetooth solo funciona para el conductor,” dije, no por primera vez.
Doyle dijo, “¿Por qué no sirve para los del asiento de delante?”
“Merry, ¿Qué dijiste?” Preguntó Rhys.
“Doyle dijo algo,” más bajo dije a Doyle, “no lo sé.”
“¿No sabes qué?” Preguntó Rhys.
“Lo siento, aun no controlo el bluetooth. Estamos casi allí, Rhys.”
Un gran cuervo negro se posó en la vieja cerca que rodeaba la carretera. Graznó y flexionó sus alas.
“Dile a Cathbodua que estamos bien, también.”
“¿Estás viendo a una de sus mascotas?” él preguntó.
“Si.” El cuervo sobrevoló el coche haciendo círculos.
“Ella sabrá mas sobre ti que yo,” dijo, y sonaba un poco decaído.
“¿Estás bien? Suenas cansado,” dije.
“Bien, como tú” dijo, y rió de nuevo, luego añadió, “el caso tan simple que Jeremy me envió se ha vuelto no tan simple.”
“Podemos hablar de el durante la cena,” dije.
“Me gustaría tu opinión, pero creo que hay una agenda diferente para la cena.”
“¿Qué quieres decir?”
Frost se acercó tanto como el cinturón de seguridad le permitió, y preguntó, “¿Ha ocurrido algo? Rhys, suenas preocupado.”
“¿Ocurrió algo mientras estábamos fuera?” Pregunté. Estaba mirando hacia el desvío de la casa. La luz estaba empezando a desvanecerse. No era realmente el crepúsculo, pero me lo perdería si no prestaba atención.
“Nada nuevo, Merry, lo juro.”
Frené bruscamente en el desvío, lo que hizo que Doyle se sujetara al coche suficientemente fuerte para escuchar al marco de la puerta protestar. Él era suficientemente fuerte para destrozar la puerta. Esperaba que no hiciera ninguna abolladura por culpa de su fobia.
Hablé mientras metía el todoterreno por la cuesta de la carretera y bajaba la pendiente del camino privado. “Estoy en el camino de la entrada. Te veo ahora.”
“Estaremos esperando.” Él colgó y me concentré en conducir. No era la única a la que no le gustaba. Era difícil decir detrás de las gafas oscuras, pero creo que Doyle tenía los ojos cerrados mientras avanzaba con el todoterreno para dar la vuelta.
Las luces de afuera estaban ya encendidas, y los guardias estaban caminando al frente de la casa, mientras sus abrigos ondeaban con la brisa marina. Rhys era el único de los guardias que tenía su propia licencia de detective privado. Le encantaban las películas antiguas de cine negro, y cuando no estaba trabajando en cubierto le gustaba vestir con gabardina y sombrero. Normalmente eran blancos o color crema para combinar con sus rizos que le llegaban a la cintura. Su pelo estaba volando en el viento junto a su abrigo. Me di cuenta que su pelo estaba enredado con el viento como el mío estaba antes.
“El pelo de Rhys se enreda con el viento,” dije.
“Si,” dijo Frost.
“¿Es por eso que él es el único que lo lleva por la cintura?”
“Eso creo,” dijo.
“¿Por qué su pelo se enreda y no el vuestro?”
“El de Doyle también. Por eso le gusta llevarlo trenzado.”
“La misma pregunta. ¿Por qué?”
Puse el coche al lado del coche de Rhys. Empezó a caminar a grandes pasos hacia nosotros. Estaba sonriendo, pero sabía lo suficiente de lenguaje corporal para ver su ansiedad. Llevaba puesto un parche blanco a conjunto con el abrigo de hoy. Los vestía cuando se encontraba con clientes, o fuera en el mundo exterior. La mayoría de las personas, y algunas hadas, encontraban las cicatrices de su ojo derecho incómodas. En casa cuando solo estábamos nosotros, no se molestaba en ponerse el parche.
“No sabemos porque a algunos de nosotros no se les enreda el pelo,” dijo Frost. “Solo es la manera que siempre ha sido.”
Con esta insatisfactoria respuesta, Rhys llegó a mi puerta. La desbloqueé así el podía ayudarme a salir del coche, la ansiedad había cambiado su único ojo en tres círculos de azul cian, azul cielo, y blanco inverno girando lentamente como una perezosa tormenta. Significaba que su magia estaba cerca de salir a la superficie, lo cual normalmente tomaba un montón de emociones, o concentración. ¿Era esta ansiedad causada por mi seguridad hoy, o era por algo de la Agencia de detectives Grey en lo que estuviera trabajando? No podía recordar nada, excepto que tuviera algo que ver con el sabotaje empresarial usando magia.
Rhys abrió la puerta, y ofrecí mi mano automáticamente. Él la tomó y la subió hacia sus labios para poner un beso en mis dedos haciendo un hormigueo en mi piel. Mi ansiedad estaba haciendo a su magia arremolinarse cerca de la superficie. Me preguntaba cuanto peor se verían las fotos en televisión; no parecía tan mal en ese momento, ¿lo hacía?
Envolvió sus brazos alrededor mía y me atrajo a su cuerpo. Me estrujó y tuve un momento para sentir como de fuerte era, y de que había un ligero miedo en su cuerpo. Intenté empujarlo de vuelta lo suficiente para ver su cara, pero él me sujetó apretadamente por lo tanto no tuve otra elección más que estar en contra suya. Me permití a mi misma sentir su cuerpo debajo de sus ropas. La piel desnuda sería como su beso; haría hormiguear mi piel, pero incluso a través de sus ropas podía sentir el pulso y el latido de su poder como alguna fina máquina ronroneando contra mi cuerpo desde su pecho hasta su muslo. Me dejé hundirme en esta sensación. Dejarme sumergirme en la fuerza de sus brazos, los músculos firmes de su cuerpo, y solo por un momento permitirme a mi misma dejar ir todo lo que había pasado y todo lo que había visto hoy. Dejé que se alejara por la fuerza del hombre que me abrazaba.
Pensé en el desnudo y abrazándome, dejando a la promesa de esta profunda vibración de poder hundirse en mi cuerpo. El pensamiento hizo que presionara mi ingle mas apretadamente contra él, y sentí su cuerpo empezar a responder.
Me dejó subir mi cabeza lo suficiente para permitirme contemplar su cara. Estaba sonriendo y mantenía sus brazos apretados contra mi espalda. “Si estas pensando en sexo, no puedes estas traumatizada.” Lo expresó con una sonrisa.
Le sonreí de vuelta. “Estoy mejor ahora.”
La voz de Hafwyn vino hacia nosotros a través de la puerta. Ella salía de la casa con su largo pelo amarillo atado en una espesa y solitaria trenza a un lado de su esbelta figura. Ella era todo lo que una mujer sidhe de la corte de la luz debía ser. Era una pulgada por debajo de los seis pies, delgada pero femenina, con ojos como el cielo en primavera. Cuando había sido una pequeña niña era mi referente a como quería ser en lugar de mi altura y curvas totalmente humanas. Mi pelo, ojos, y piel eran sidhe, pero el resto de mi nunca habían estado a la altura. Muchos sidhe de ambas cortes se habían asegurado de que supiese que era bastante humana pero no suficientemente sidhe. Hafwyn no había sido una de ellos. Ella nunca había sido cruel conmigo cuando era solo Meredith, la hija de Essus, y no probable en sentarme en cualquier trono. De hecho, ella había estado cerca de mí en las cortes, como una de las guardias de mi primo Cel.
Permaneciendo allí en los brazos de Rhys con Doyle y Frost subiendo detrás de nosotros no le tenía envidia a nadie. ¿Cómo podía querer cambiar algo sobre mi misma cuando tenía tantas personas que me amaban? Hafwyn llevaba un vestido blanco de verano, más simple que el mío, casi un traje recto como algo que ellos llevaron una vez bajo los vestidos, pero la simpleza de la ropa no podía esconder su belleza. La belleza de todos los sidhe me recordaban a menudo porque una vez fuimos adorados como dioses. Era solo en parte por la magia. Los humanos tenían tendencia a adorar o denigrar la belleza.
Ella se dejó caer haciendo una reverencia mientras venía hacia mí. Casi había convencido a los nuevos guardias que no me dieran esa clase de trato pero siglos de hábitos eran difíciles de romper.
“¿Necesita curación mi señora?”
“Estoy de una pieza.”Dije.
Ella era una de las pocas sanadoras que había dejado el mundo de las hadas. Ella podía poner sus manos en una herida o dolencia y mágicamente desaparecían. Fuera del mundo de las hadas su poder disminuía, pero mucho de nuestros poderes eran menores en el mundo humano también.
“Alabada sea la Diosa,” dijo ella, y tocó mi brazo que estaba en contacto con el cuerpo de Rhys. Tocábamos a alguien cuando la ansiedad era considerada algo que las hadas menores tenían. Nosotros los sidhe se suponía que debíamos ser considerados superiores a los consuelos banales, pero nunca había encontrado en el toque de un amigo un consuelo banal. Apreciaba a las personas que provocaba fuerza tocándome, o me daba paz con sus propios toques.
Su contacto fue breve, porque la Reina del Aire y de la Oscuridad, mi tía, se hubiera reído de ella por la necesidad, o lo hubiera convertido en algo sexual y/o peligroso. Toda debilidad era explotada; toda bondad era erradicada.
Galen salió de la casa todavía llevando un delantal todo blanco y muy de chef de televisión, a diferencia del blanco puro que teníamos en casa. Él lo llevaba sin camiseta, porque sabía que disfrutaba viéndole. Pero él se había enamorado del canal de cocina y los delantales tenían más uso ahora. Llevaba puesto una oscura camiseta verde tanque y unas bermudas debajo del delantal. La camiseta acentuaba el leve matiz verde en su piel y su corto pelo rizado. Su única concesión por el largo del pelo, que otros hombres sidhe mantenían en la Corte de la Oscuridad, era una larga, delgada trenza de pelo que caía hasta sus rodillas. Era el único sidhe que hubiera conocido que voluntariamente cortara su cabello tan corto.
Rhys me dejó ir así yo podría ser envuelta en seis pies de puro músculo de Galen. De repente estaba en vuelo mientras me cogía. Sus ojos verdes estaban preocupados. “Pusimos la televisión hace un rato. Todo ese cristal; podías haber salido herida.”
Toqué su cara, intentando alisar las líneas de preocupación que nunca dejarían una arruga en su perfecta piel. Los sidhe podían tener muchos años, pero nunca envejecían.
Me alcé por un beso, y él se agachó para ayudarme a alcanzarlo. Nos besamos y había magia en el beso de Galen como la hubo en el toque de Rhys, pero donde el toque del otro hombre había sido profundo y casi eléctrico, como el distante zumbido de un motor, la energía de Galen era como ser acariciada por la suavidad del viento en primavera. Su beso llenó mi mente con el perfume de las flores, y el primer calor que llega cuando la nieve se va finalmente y la tierra despierta una vez más. Todo se derramó a mi piel con tan solo un beso. Me retiró del él con unos salvajes y sorprendidos ojos, y tuve que luchar por respirar.
Él parecía avergonzado. “Lo siento, Merry, solo estaba preocupado, y tan feliz de ver que estás a salvo.”
Contemplé sus ojos y encontré en ellos el mismo adorable color verde. No daba muchas pistas como el resto de nosotros cuando su magia estaba sobre él, pero ese beso decía mejor que cualquier resplandor de ojos o piel brillante que su magia estaba muy cerca de aflorar. Si estuviéramos dentro del mundo feérico probablemente habría flores creciendo a sus pies, pero el asfalto de la carretera lo impedía. La tecnología echa por la mano del hombre era inmune contra mucha de nuestra magia.
Hubo una voz de un hombre desde dentro. “Galen, algo está hirviendo. ¡Y yo no sé cómo pararlo!”
Galen se giró sonriendo hacia la caso conmigo en sus brazos aun. “Vamos a rescatar la cocina antes de que Amatheon y Adair la incendien.”
“¿Les dejaste hacerse cargo de la cena?” Pregunté.
Él asintió felizmente con la cabeza mientras empezaba a andar hacia la todavía puerta abierta. Me llevó sin ningún esfuerzo, como si él pudiera andar conmigo en sus brazos para siempre y nunca se cansara. Quizás podría.
Doyle y Frost nos seguían un paso al lado, y Rhys al otro. Doyle preguntó, “¿Cómo los convenciste para que te ayudaran en la cocina?”
Galen deslumbró con una de sus ya conocidas sonrisas que hacía que cualquiera quisiera sonreír de vuelta. Incluso Doyle no era inmune a ese encanto, porque hubo un relampagueo de dientes blancos en su oscura cara, en respuesta a Galen.
“Pregunté.” Dijo.
“¿Y ellos solo accedieron?” preguntó Frost.
Asintió.
“Deberías haber visto a Ivi pelando patatas,” dijo Rhys. “Es algo que la reina utilizaría para torturarlo para conseguir lo que quisiera de él.”
Todos nosotros menos Galen le miramos. “¿Estás diciendo que Galen simplemente les preguntó y ellos accedieron?” Dijo Doyle.
“Si,” contestó Rhys.
Todos intercambiamos miradas. Me preguntaba si ellos estaban pensando lo que yo estaba pensando, que al menos algo de nuestra magia estaba haciendo más fuerte fuera del mundo de las hadas. De hecho, Galen parecía estar más fuerte. Era algo interesante y sorprendente que no ocurría todos los días, al igual que era imposible para las hadas ser asesinadas de la manera que ellas parecían haber sido asesinadas. Dos cosas imposibles en un mismo día, sería como estar en Alicia en el País de las Maravillas, pero su País de las Maravillas era un país encantado, y ninguna de las imposibilidades sobrevivían en el viaje de vuelta de Alicia al mundo real. Nuestras imposibilidades estaban en el lado equivocado del agujero del conejo. Curioso curioso, pensaba, citando a la pequeña niña que consiguió ir al país de cuento de las hada dos veces, y volver de una pieza. Era una de las grandes razones por lo que pensaba que las aventuras de Alicia no eran reales. El país encantado no te daba segundas oportunidades. Pero quizás el mundo exterior era un poco más compasivo. Quizás tienes que estar en algún lugar que no esté lleno de cosas inmortales para tener la esperanza de una segunda oportunidad. Pero ya que Galen y yo éramos los únicos sidhe exiliados que nunca habían sido adorados por el mundo humano, quizás no era una segunda oportunidad, sino una primera. La cuestión era, ¿una oportunidad para hacer qué?, porque si él podía convencer a sus compañeros sidhe de acatar sus ordenes, los humanos no tendrían ninguna oportunidad.
Ernie estaba en la puerta. Era un viejo afroamericano quien una vez fue un soldado, pero había sido herido de tal manera que su ejército se precipitó en traerlo de vuelta. Él nunca me contaría de qué manera había sido herido, y sabía suficiente sobre la cultura humana como para no preguntar al respecto.
Él frunció el ceño hacia los coches aparcados pasando la entrada. “Llamaré a la policía si ellos violan la propiedad privada.”
“Permanecerán al otro lado de la puerta mientras estés en tu deber, Ernie.” Dije.
El me sonrió. “Gracias, Princesa. Seré el mejor.” Golpeó ligeramente un imaginario sombrero hacia Doyle y Frost, “Señores.”
Asintieron de vuelta y nos fuimos. Si la casa de la playa no tuviera una puerta trasera, estaríamos a la merced de la prensa, y después de ver el destrozo de ventanas en la tienda de Matilda, pensé que podría ser de buena idea esta noche. Sería bueno pensar que el accidente haría a los paparazzis echarse atrás, pero probablemente habrían muchas más noticias. Era irónico, pero completamente cierto.
El teléfono del coche sonó. Hablé hacia el micrófono.
“Hola.”
“Merry, ¿Estáis cerca de la casa?” Preguntó Rhys.
“Casi allí,” dije.
Se rió ahogadamente, sonando diminuto por el bluetooth. “Bien, nuestro cocinero está de los nervios con que la comida estará fría antes de que lleguéis.”
“¿Galen?”
“Sip, incluso la ha puesto en el fogón, pero estaba inquieto sobre que no iba a apurarte. Barinthus me contó que llamaste y le contaste que algo pasó, ¿Estás bien?”
“Bien, pero cansada,” dije.
Doyle habló fuertemente, “Estamos casi en el desvío.”
“El bluetooth solo funciona para el conductor,” dije, no por primera vez.
Doyle dijo, “¿Por qué no sirve para los del asiento de delante?”
“Merry, ¿Qué dijiste?” Preguntó Rhys.
“Doyle dijo algo,” más bajo dije a Doyle, “no lo sé.”
“¿No sabes qué?” Preguntó Rhys.
“Lo siento, aun no controlo el bluetooth. Estamos casi allí, Rhys.”
Un gran cuervo negro se posó en la vieja cerca que rodeaba la carretera. Graznó y flexionó sus alas.
“Dile a Cathbodua que estamos bien, también.”
“¿Estás viendo a una de sus mascotas?” él preguntó.
“Si.” El cuervo sobrevoló el coche haciendo círculos.
“Ella sabrá mas sobre ti que yo,” dijo, y sonaba un poco decaído.
“¿Estás bien? Suenas cansado,” dije.
“Bien, como tú” dijo, y rió de nuevo, luego añadió, “el caso tan simple que Jeremy me envió se ha vuelto no tan simple.”
“Podemos hablar de el durante la cena,” dije.
“Me gustaría tu opinión, pero creo que hay una agenda diferente para la cena.”
“¿Qué quieres decir?”
Frost se acercó tanto como el cinturón de seguridad le permitió, y preguntó, “¿Ha ocurrido algo? Rhys, suenas preocupado.”
“¿Ocurrió algo mientras estábamos fuera?” Pregunté. Estaba mirando hacia el desvío de la casa. La luz estaba empezando a desvanecerse. No era realmente el crepúsculo, pero me lo perdería si no prestaba atención.
“Nada nuevo, Merry, lo juro.”
Frené bruscamente en el desvío, lo que hizo que Doyle se sujetara al coche suficientemente fuerte para escuchar al marco de la puerta protestar. Él era suficientemente fuerte para destrozar la puerta. Esperaba que no hiciera ninguna abolladura por culpa de su fobia.
Hablé mientras metía el todoterreno por la cuesta de la carretera y bajaba la pendiente del camino privado. “Estoy en el camino de la entrada. Te veo ahora.”
“Estaremos esperando.” Él colgó y me concentré en conducir. No era la única a la que no le gustaba. Era difícil decir detrás de las gafas oscuras, pero creo que Doyle tenía los ojos cerrados mientras avanzaba con el todoterreno para dar la vuelta.
Las luces de afuera estaban ya encendidas, y los guardias estaban caminando al frente de la casa, mientras sus abrigos ondeaban con la brisa marina. Rhys era el único de los guardias que tenía su propia licencia de detective privado. Le encantaban las películas antiguas de cine negro, y cuando no estaba trabajando en cubierto le gustaba vestir con gabardina y sombrero. Normalmente eran blancos o color crema para combinar con sus rizos que le llegaban a la cintura. Su pelo estaba volando en el viento junto a su abrigo. Me di cuenta que su pelo estaba enredado con el viento como el mío estaba antes.
“El pelo de Rhys se enreda con el viento,” dije.
“Si,” dijo Frost.
“¿Es por eso que él es el único que lo lleva por la cintura?”
“Eso creo,” dijo.
“¿Por qué su pelo se enreda y no el vuestro?”
“El de Doyle también. Por eso le gusta llevarlo trenzado.”
“La misma pregunta. ¿Por qué?”
Puse el coche al lado del coche de Rhys. Empezó a caminar a grandes pasos hacia nosotros. Estaba sonriendo, pero sabía lo suficiente de lenguaje corporal para ver su ansiedad. Llevaba puesto un parche blanco a conjunto con el abrigo de hoy. Los vestía cuando se encontraba con clientes, o fuera en el mundo exterior. La mayoría de las personas, y algunas hadas, encontraban las cicatrices de su ojo derecho incómodas. En casa cuando solo estábamos nosotros, no se molestaba en ponerse el parche.
“No sabemos porque a algunos de nosotros no se les enreda el pelo,” dijo Frost. “Solo es la manera que siempre ha sido.”
Con esta insatisfactoria respuesta, Rhys llegó a mi puerta. La desbloqueé así el podía ayudarme a salir del coche, la ansiedad había cambiado su único ojo en tres círculos de azul cian, azul cielo, y blanco inverno girando lentamente como una perezosa tormenta. Significaba que su magia estaba cerca de salir a la superficie, lo cual normalmente tomaba un montón de emociones, o concentración. ¿Era esta ansiedad causada por mi seguridad hoy, o era por algo de la Agencia de detectives Grey en lo que estuviera trabajando? No podía recordar nada, excepto que tuviera algo que ver con el sabotaje empresarial usando magia.
Rhys abrió la puerta, y ofrecí mi mano automáticamente. Él la tomó y la subió hacia sus labios para poner un beso en mis dedos haciendo un hormigueo en mi piel. Mi ansiedad estaba haciendo a su magia arremolinarse cerca de la superficie. Me preguntaba cuanto peor se verían las fotos en televisión; no parecía tan mal en ese momento, ¿lo hacía?
Envolvió sus brazos alrededor mía y me atrajo a su cuerpo. Me estrujó y tuve un momento para sentir como de fuerte era, y de que había un ligero miedo en su cuerpo. Intenté empujarlo de vuelta lo suficiente para ver su cara, pero él me sujetó apretadamente por lo tanto no tuve otra elección más que estar en contra suya. Me permití a mi misma sentir su cuerpo debajo de sus ropas. La piel desnuda sería como su beso; haría hormiguear mi piel, pero incluso a través de sus ropas podía sentir el pulso y el latido de su poder como alguna fina máquina ronroneando contra mi cuerpo desde su pecho hasta su muslo. Me dejé hundirme en esta sensación. Dejarme sumergirme en la fuerza de sus brazos, los músculos firmes de su cuerpo, y solo por un momento permitirme a mi misma dejar ir todo lo que había pasado y todo lo que había visto hoy. Dejé que se alejara por la fuerza del hombre que me abrazaba.
Pensé en el desnudo y abrazándome, dejando a la promesa de esta profunda vibración de poder hundirse en mi cuerpo. El pensamiento hizo que presionara mi ingle mas apretadamente contra él, y sentí su cuerpo empezar a responder.
Me dejó subir mi cabeza lo suficiente para permitirme contemplar su cara. Estaba sonriendo y mantenía sus brazos apretados contra mi espalda. “Si estas pensando en sexo, no puedes estas traumatizada.” Lo expresó con una sonrisa.
Le sonreí de vuelta. “Estoy mejor ahora.”
La voz de Hafwyn vino hacia nosotros a través de la puerta. Ella salía de la casa con su largo pelo amarillo atado en una espesa y solitaria trenza a un lado de su esbelta figura. Ella era todo lo que una mujer sidhe de la corte de la luz debía ser. Era una pulgada por debajo de los seis pies, delgada pero femenina, con ojos como el cielo en primavera. Cuando había sido una pequeña niña era mi referente a como quería ser en lugar de mi altura y curvas totalmente humanas. Mi pelo, ojos, y piel eran sidhe, pero el resto de mi nunca habían estado a la altura. Muchos sidhe de ambas cortes se habían asegurado de que supiese que era bastante humana pero no suficientemente sidhe. Hafwyn no había sido una de ellos. Ella nunca había sido cruel conmigo cuando era solo Meredith, la hija de Essus, y no probable en sentarme en cualquier trono. De hecho, ella había estado cerca de mí en las cortes, como una de las guardias de mi primo Cel.
Permaneciendo allí en los brazos de Rhys con Doyle y Frost subiendo detrás de nosotros no le tenía envidia a nadie. ¿Cómo podía querer cambiar algo sobre mi misma cuando tenía tantas personas que me amaban? Hafwyn llevaba un vestido blanco de verano, más simple que el mío, casi un traje recto como algo que ellos llevaron una vez bajo los vestidos, pero la simpleza de la ropa no podía esconder su belleza. La belleza de todos los sidhe me recordaban a menudo porque una vez fuimos adorados como dioses. Era solo en parte por la magia. Los humanos tenían tendencia a adorar o denigrar la belleza.
Ella se dejó caer haciendo una reverencia mientras venía hacia mí. Casi había convencido a los nuevos guardias que no me dieran esa clase de trato pero siglos de hábitos eran difíciles de romper.
“¿Necesita curación mi señora?”
“Estoy de una pieza.”Dije.
Ella era una de las pocas sanadoras que había dejado el mundo de las hadas. Ella podía poner sus manos en una herida o dolencia y mágicamente desaparecían. Fuera del mundo de las hadas su poder disminuía, pero mucho de nuestros poderes eran menores en el mundo humano también.
“Alabada sea la Diosa,” dijo ella, y tocó mi brazo que estaba en contacto con el cuerpo de Rhys. Tocábamos a alguien cuando la ansiedad era considerada algo que las hadas menores tenían. Nosotros los sidhe se suponía que debíamos ser considerados superiores a los consuelos banales, pero nunca había encontrado en el toque de un amigo un consuelo banal. Apreciaba a las personas que provocaba fuerza tocándome, o me daba paz con sus propios toques.
Su contacto fue breve, porque la Reina del Aire y de la Oscuridad, mi tía, se hubiera reído de ella por la necesidad, o lo hubiera convertido en algo sexual y/o peligroso. Toda debilidad era explotada; toda bondad era erradicada.
Galen salió de la casa todavía llevando un delantal todo blanco y muy de chef de televisión, a diferencia del blanco puro que teníamos en casa. Él lo llevaba sin camiseta, porque sabía que disfrutaba viéndole. Pero él se había enamorado del canal de cocina y los delantales tenían más uso ahora. Llevaba puesto una oscura camiseta verde tanque y unas bermudas debajo del delantal. La camiseta acentuaba el leve matiz verde en su piel y su corto pelo rizado. Su única concesión por el largo del pelo, que otros hombres sidhe mantenían en la Corte de la Oscuridad, era una larga, delgada trenza de pelo que caía hasta sus rodillas. Era el único sidhe que hubiera conocido que voluntariamente cortara su cabello tan corto.
Rhys me dejó ir así yo podría ser envuelta en seis pies de puro músculo de Galen. De repente estaba en vuelo mientras me cogía. Sus ojos verdes estaban preocupados. “Pusimos la televisión hace un rato. Todo ese cristal; podías haber salido herida.”
Toqué su cara, intentando alisar las líneas de preocupación que nunca dejarían una arruga en su perfecta piel. Los sidhe podían tener muchos años, pero nunca envejecían.
Me alcé por un beso, y él se agachó para ayudarme a alcanzarlo. Nos besamos y había magia en el beso de Galen como la hubo en el toque de Rhys, pero donde el toque del otro hombre había sido profundo y casi eléctrico, como el distante zumbido de un motor, la energía de Galen era como ser acariciada por la suavidad del viento en primavera. Su beso llenó mi mente con el perfume de las flores, y el primer calor que llega cuando la nieve se va finalmente y la tierra despierta una vez más. Todo se derramó a mi piel con tan solo un beso. Me retiró del él con unos salvajes y sorprendidos ojos, y tuve que luchar por respirar.
Él parecía avergonzado. “Lo siento, Merry, solo estaba preocupado, y tan feliz de ver que estás a salvo.”
Contemplé sus ojos y encontré en ellos el mismo adorable color verde. No daba muchas pistas como el resto de nosotros cuando su magia estaba sobre él, pero ese beso decía mejor que cualquier resplandor de ojos o piel brillante que su magia estaba muy cerca de aflorar. Si estuviéramos dentro del mundo feérico probablemente habría flores creciendo a sus pies, pero el asfalto de la carretera lo impedía. La tecnología echa por la mano del hombre era inmune contra mucha de nuestra magia.
Hubo una voz de un hombre desde dentro. “Galen, algo está hirviendo. ¡Y yo no sé cómo pararlo!”
Galen se giró sonriendo hacia la caso conmigo en sus brazos aun. “Vamos a rescatar la cocina antes de que Amatheon y Adair la incendien.”
“¿Les dejaste hacerse cargo de la cena?” Pregunté.
Él asintió felizmente con la cabeza mientras empezaba a andar hacia la todavía puerta abierta. Me llevó sin ningún esfuerzo, como si él pudiera andar conmigo en sus brazos para siempre y nunca se cansara. Quizás podría.
Doyle y Frost nos seguían un paso al lado, y Rhys al otro. Doyle preguntó, “¿Cómo los convenciste para que te ayudaran en la cocina?”
Galen deslumbró con una de sus ya conocidas sonrisas que hacía que cualquiera quisiera sonreír de vuelta. Incluso Doyle no era inmune a ese encanto, porque hubo un relampagueo de dientes blancos en su oscura cara, en respuesta a Galen.
“Pregunté.” Dijo.
“¿Y ellos solo accedieron?” preguntó Frost.
Asintió.
“Deberías haber visto a Ivi pelando patatas,” dijo Rhys. “Es algo que la reina utilizaría para torturarlo para conseguir lo que quisiera de él.”
Todos nosotros menos Galen le miramos. “¿Estás diciendo que Galen simplemente les preguntó y ellos accedieron?” Dijo Doyle.
“Si,” contestó Rhys.
Todos intercambiamos miradas. Me preguntaba si ellos estaban pensando lo que yo estaba pensando, que al menos algo de nuestra magia estaba haciendo más fuerte fuera del mundo de las hadas. De hecho, Galen parecía estar más fuerte. Era algo interesante y sorprendente que no ocurría todos los días, al igual que era imposible para las hadas ser asesinadas de la manera que ellas parecían haber sido asesinadas. Dos cosas imposibles en un mismo día, sería como estar en Alicia en el País de las Maravillas, pero su País de las Maravillas era un país encantado, y ninguna de las imposibilidades sobrevivían en el viaje de vuelta de Alicia al mundo real. Nuestras imposibilidades estaban en el lado equivocado del agujero del conejo. Curioso curioso, pensaba, citando a la pequeña niña que consiguió ir al país de cuento de las hada dos veces, y volver de una pieza. Era una de las grandes razones por lo que pensaba que las aventuras de Alicia no eran reales. El país encantado no te daba segundas oportunidades. Pero quizás el mundo exterior era un poco más compasivo. Quizás tienes que estar en algún lugar que no esté lleno de cosas inmortales para tener la esperanza de una segunda oportunidad. Pero ya que Galen y yo éramos los únicos sidhe exiliados que nunca habían sido adorados por el mundo humano, quizás no era una segunda oportunidad, sino una primera. La cuestión era, ¿una oportunidad para hacer qué?, porque si él podía convencer a sus compañeros sidhe de acatar sus ordenes, los humanos no tendrían ninguna oportunidad.
Regreso
Hola gente!! siento mucho el retraso, pero primero fue España ganando el mundial! y luego me fui de vacaciones a Londres, pero ya he vuelto asi que... muchísimas gracias a todo el mundo que me ha dejado comentarios.
Un abrazo.
Un abrazo.
lunes, 5 de julio de 2010
Capítulo 13
Acabamos con un improvisado séquito de reporteros y policías uniformados. Los reporteros formaban tal masa sólida que Wright y O’ Brian no podían movernos sin ponerles las manos encima, y aparentemente ellos tenían órdenes de no tratarlos mal a la hora de presionar. Ellos pasaron el problema a mis guardaespaldas ya que ellos lo habían sido durante semanas. ¿Cómo permanecer políticamente correcto con extraños que te están gritando a la cara, flashes yendo y viniendo como bombas cegadoras, y el gentío convirtiéndose en una masa de cuerpo al que no tienes permiso de tocar?
Los reporteros gritaban preguntas. “¿Está ayudando a la policía con este caso, Princesa?” “¿En qué consiste su ayuda en esta investigación con la policía?” “¿Por qué estaba llorando?” “¿Es el dueño de la tienda familiar suyo?”
Wright y O’ Brian intentaron empujarlos fuera de nuestro camino sin empujarlos realmente, lo cual es bastante más difícil de cómo suena. Doyle y Frost permanecían ambos a mi lado, porque la muchedumbre había crecido más allá de los reporteros. Humanos y hadas habían salido de las tiendas y restaurantes para ver sobre que era el alboroto. Era de naturaleza humana ser curioso pero ellos empezaban a añadirse a la prensa alrededor de nosotros así que habíamos tenido que parar nuestro avance.
De pronto los reporteros cayeron en silencio, no todos a la vez, sino gradualmente. Primero uno se calló, luego otro, y ellos empezaron a mirar alrededor, como si ellos hubieran oído un ruido, un inquietante ruido. Luego lo sentí también. Miedo como un frío y húmedo viento a través de tu piel. Estaba allí bajo la luz del sol de California y sentí un repulsivo escalofrío bajando por mi columna vertebral.
Doyle apretó mi brazo y esto me ayudó a pensar. El apretón ayudaba a mis escudos mágicos, y el momento se fue, el miedo fluyó como el agua fuera de mí, pero todavía podía verlo en la cara de los reporteros.
Wright y O’ Brian tenía sus manos en las armas, mirando alrededor con aprensión. Vertí mis escudos hacia ellos, lo había hecho con el glamur en Doyle y Frost antes. Los hombros de Wright se bajaron como si un peso hubiera caído en ellos. O’ Brian dijo, “¿Qué fue eso?”
“Es eso,” dijo Doyle.
“¿Qué?” Ella preguntó.
Los reporteros se separaron como una cortina. Ellos simplemente no querían estar cerca de lo que fuera que estaba caminando entre ellos. El Fear Dearg caminaba hacia nosotros sonriéndonos abiertamente con su sonrisa de dientes salidos. Había estado en lo cierto; era una sonrisa demoníaca. El placer que sentía por el miedo de los reporteros se mostraba en su cara y en el balanceo chulesco de su caminar.
Él vino a colocarse en frente de nosotros, y luego se arrodilló ante nosotros. “Mi reina,” el dijo.
Una cámara lo fotografió, congelando la imagen para las noticias de mañana, o de esta noche. El Fear Dearg miró en la dirección del flash y hubo un chillido, luego un hombre salió corriendo a la acera. Sus muchas cámaras producían un ruido metálico como si el corriera gritando, como si toda la cacería salvaje le estuviera persiguiendo.
Los otros reporteros dieron un colectivo paso hacia atrás. El Fear Dearg hizo una risita malvada, y solo el sonido fue suficiente para ponerme la piel de gallina. Si hubiera estado sola en alguna carretera oscura hubiera sido terrorífico.
“Debes de practicar esa risa,” le dije. “Es absolutamente demoníaca.”
Él me sonrió abiertamente. “A un hada le gusta saber que su trabajo es apreciado, mi reina.”
Un reportero voceó con la voz entrecortada, “él le llamó su reina. ¿Quiere eso decir que se quedó con el trono?”
El Fear Dearg se puso de pie y saltó hacia ellos, manos en alto, “¡Bu!” Los reporteros huyeron de su lado. Él hizo un movimiento hacia el otro grupo, pero la mayoría de ellos ya habían retrocedido, manos tendidas, como si mostrara que ellas significaban que no causaría daño.
Una mujer preguntó en una jadeante voz, “Meredith, ¿Eres la reina de la corte de la Oscuridad?”
“No,” respondí.
El Fear Dearg me miró. “¿Debería decirle que la corona se posicionó sobre tu cabeza primero?”
“No aquí,” dijo Doyle.
El Fear Dearg le miró furiosamente. “No te lo he preguntado a ti, Oscuridad. Si fuéramos parientes, podría ser diferente, pero no te debo nada, solo a ella.”
Me di cuenta de que Doyle rechazaba reconocer que su ascendencia era similar a la del Fear Dearg por tanto era un insulto hacia el hada.
Doyle pareció descifrarlo también, porque él dijo, “no estoy escondiendo mi herencia mixta, Fear Dearg. Solo quiero decir que no tengo nada de tu sangre en mis venas, lo cual es verdad.”
“Si, pero tú has tenido nuestra sangre en tu espada, ¿no ha sido así? Antes de que fueras la Oscuridad de la Reina, antes de que fueras un Nudons y curaras con tu magia primaveral, fuiste otras cosas, otros nombres.” El Fear Dearg bajó su voz con cada palabra, hasta que los reporteros restantes empezaran a acercarse para intentar oír. Sabía que Doyle había sido algo antes de que fuera adorado como un dios, y que no había nacido al lado de la Reina Andais, pero nunca había preguntado. A los más viejos de los sidhe no les gustaba hablar sobre los tiempos pasados, cuando nuestra gente era grandiosa.
El Fear Dearg giró rápidamente y saltó hacia los reporteros con un grito “¡Ah!” Ellos corrieron, unos se cayó y los demás lo pisotearon en la locura de escapar de él. El único en el suelo se levantó y corrió rápidamente con los otros.
O’ Brian dijo, “No es estrictamente legal usar magia con la prensa.”
El Fear Dearg irguió su cabeza hacia un lado como un pájaro espiando un gusano. La mirada hizo que O’ Brian tragara fuertemente, pero con mi escudo alrededor ella se mantuvo en su sitio. “¿Y cómo pensabas moverlos, chiquilla?”
“Oficial O’ Brian,” ella dijo.
Él le sonrió, y sentí su sobresalto, pero ella no retrocedió. Se ganó un punto por su valentía, pero no estaba segura que burlarse de él, después de que hubiera mostrado un obvio interés sexual por ella durante el interrogatorio de Bittersweet, fuera una buena idea. Algunas veces un pequeño temor es una inteligente cosa.
Él empezó a invadir su espacio personal, y me puso entre ellos. “¿Qué es lo que quieres Fear Dearg? Aprecio tu ayuda, lo hago, pero no lo hiciste para sacar la bondad de tu corazón.”
Miró de manera lasciva a O’ Brian, se giró y me miró de la misma manera a mí. Eso no me incomodó. “No tengo bondad en mi corazón, mi reina, solo mal.”
“Nadie es solo maldad,” dije.
Esa mirada creció hasta que su cara era una máscara de intento de maldad, pero era la clase de maldad que tienen las máscaras de Halloween. “Eres demasiado joven para comprender lo que soy.”
“Conozco el mal,” dije, “no se consigue con una máscara y una mirada. El mal está en las caras de los que supuestamente te aman y se preocupan por ti, pero no lo hacen. El mal está en una bofetada, o en una mano aguantándote bajo el agua hasta que no puedes respirar, y durante todo esto su cara está serena, no enfadada, ni loca, porque ella cree que está haciendo lo correcto.”
Su malvada cara empezó a doblarse hacia abajo convirtiéndose en algo más seria. El me contempló, y dijo, “los rumores dice que aguantaste muchos abusos de manos de tus parientes sidhe.”
Doyle se giró a los oficiales de policía. “¿Nos dan un poco de privacidad, por favor?”
Wright y O’ Brian intercambiaron miradas, luego Wright se encogió de hombros. “Solo nos dijeron que os teníamos que llevar sanos y salvos al coche, así que podemos esperar por aquí.”
O’ Brian intentó protestar, pero su compañero insistió. Ellos discutieron silenciosamente mientras nos daban nuestra privacidad.
La mano de Doyle estaba tensa en mi brazo, Frost se movió más cerca. Ellos me estaban diciendo silenciosamente que no compartiera las historias de la corte, pero la reina nunca le había importado que hablase sobre algunas cosas. “Y sus amigos, nunca olvidan a sus amigos, nunca podría,” dije.
El miró hacia Frost y Doyle, y preguntó, “¿Te atormentaron ellos antes de convertirse en tus amantes?”
Negué con mi cabeza. “No, no he tomado amantes quienes me hubieran puesto una mano encima.”
“Te fuiste del sithen de la corte de la Oscuridad. Todos ellos vinieron a L.A. contigo. ¿Quiénes se quedaron, fueron los que te atormentaron?”
“Solo tomé a los guardias, no a los nobles,” dije.
“Pero todos los guardias eran nobles entre los sidhe, o ellos no eran dignos de la protección de la reina, o del rey.”
Me encogí. “Llamé para mí lo que era mío.”
Se arrodilló de nuevo, pero muy cerca de mis pies, así que tuve que luchar con la urgencia de dar un paso hacia atrás. Antes lo hubiera hecho, pero algo sobre este momento me hizo que quisiera ser la reina que el Fear Dearg necesitaba. Doyle pareció sentir lo que había pensado, ya que el puso su mano en mi espalada como si me ayudara a no retroceder. Frost simplemente se movió a mi otro lado, así que el casi me tocaba, pero él seguía teniendo sus manos libres para sus armas, por si acaso. En público ellos intentaban que uno de ellos se mantuviera libre para eso, aunque algunas veces era duro para mí tratar con mi consuelo y con mi protección a la vez.
“No has llamado a los Fear Dearg, Reina Meredith.”
“No sabía que eran míos para llamarlos.”
“Estamos malditos y nuestras mujeres son destruidas así que no importa cuán longevos seamos, los Fear Dearg estamos en una carrera hacia la muerte.”
“Nunca había oído ni un indicio de que los Fear Dearg tengan mujeres, o una maldición.”
Sus airados ojos negros cambiaron de dirección de Doyle hacia mí. “Pregunta a cualquiera si digo la verdad.”
Miré a Doyle. Él simplemente asintió.
“Nosotros y los Gorras Rojas casi vencimos a los sidhe. Éramos dos orgullosos competidores, y hubo mucho derramamiento de sangre. Los sidhe vinieron a ayudar a los humanos, para salvarlos de nosotros.” Su voz era amarga.
“Podríais haber matado a cada hombre, mujer y niño.” Dijo Doyle.
“Quizás lo hubiéramos hecho,” dijo él, “pero era nuestro derecho el hacerlo. Eran nuestros adoradores antes de que fueran los vuestros, sidhe.”
“¿Y qué es un dios que destruye a quienes lo adoran, Fear Dearg?”
“¿Qué es un dios que ha perdido a todos sus seguidores, Nudons?”
“No soy un dios, ni nunca lo fui.”
“Pero todos pensábamos que lo éramos, ¿no lo hacíamos, Oscuridad?” Él hizo esa perturbadora risa de nuevo.
Doyle asintió, su mano tensa en mi espalda. “Pensábamos muchas cosas que resultaron no ser verdad.”
“Si, eso es lo que hicimos, Oscuridad.” El Fear Dearg sonaba triste.
“Te contaré la verdad, Fear Dearg. Te había olvidado, a tu gente y a lo que ocurrió hace tanto tiempo.”
Él miró hacia Doyle. “Oh, sí, los sidhe hicieron muchas cosas que simplemente olvidaron. Ello se lavaron las manos no en agua, o incluso en sangre, sino en el olvido y el tiempo.”
“Meredith no puede hacer lo que quieres.”
“Ella es la reina coronada de los sluagh, y por un corto tiempo reina de la corte de la Oscuridad. Coronada por el país de las hadas y por la Diosa, eso es por lo que estábamos esperando, Oscuridad. Tú y tu gente, nosotros estábamos malditos sin nombre, sin hijos, sin hogar, hasta que una reina fuera coronada como es debido por la Diosa y el país de las hadas concediéndonos un nombre de nuevo.” Él me miró. “Era la manera para ellos de maldecirnos para siempre sin que sonara como para siempre. Era la manera de atormentarnos. Solíamos venir antes con cada nueva reina a preguntar si nuestros nombres eran devueltos, y todas ellas nos lo rechazaron.”
“Ellas recordaban lo que erais, Fear Dearg,” dijo Doyle.
El Fear Dearg se giró hacia Frost, “Y tú, Asesino Frost, ¿Por qué tan silencioso? ¿No tienes opinión y la Oscuridad te las da? Ese es el rumor, que eres su sub.”
No estaba enteramente segura de que Frost hubiera comprendido esta última parte, pero sabía que estaba siendo ridiculizado. “No recuerdo el destino del Fear Dearg. Desperté del invierno, y tu gente se habían ido.”
“Eso es cierto, eso es cierto, una vez fuiste el diminuto Jackie Frost, solo un criado más en la corte de la Reina del Invierno.” Él hizo ese ladeado de cabeza de nuevo. “¿Cuándo te convertiste en un sidhe, Frost? ¿Cómo creciste en el poder mientras todo el resto de nosotros nos desvanecíamos?”
“La gente cree en mí. Soy Jack Frost. Ellos hablan, escriben libros e historias, lo niños buscan en sus ventanas, ven el hielo en ellas, y piensan que yo lo hice.” Frost dio un paso hacia el pequeño hombre arrodillado. “¿Y qué dicen de ti los niños humanos, Fear Dearg? Hoy en día apenas eres un susurro en las mentes de los humanos, todo olvidado.”
El Fear Dearg le dio una mirada que era escalofriante, tan real, que anidaba odio. “Ellos nos recuerdan, Jackie, nos recuerdan. Vivimos en sus recuerdos y en sus corazones. Recordándoles lo que les hicimos.”
“Las mentiras no te ayudaran, solo la verdad.” Dijo Doyle.
“No es una mentira, Oscuridad, ve a un cine y observa sus roces con el horror. Sus asesinatos en serie, sus guerras, sus matanzas en las noticias de la tarde cuando un hombre mata a su familia entera por no saber que él había perdido su trabajo, o la mujer que ahoga a su niño para poder tener a otro hombre. Oh, no, Oscuridad, los humanos nos recuerdan. Éramos las voces en la oscuridad de la noche del alma humana, y lo que plantamos allí sigue vivo. Los Gorras Rojas les dieron la guerra, no cometiendo ningún error sobre eso.”
“Y nosotros les dimos la música, las historias, el arte y la belleza,” dijo Doyle.
“Eres un sidhe Oscuro; también les diste masacre.”
“Ambos se los dimos,” digo Doyle, “tú nos odias porque nosotros ofrecimos más que solo sangre, muerte y miedo. Ningún Gorra Roja, o Fear Dearg, escribió un poema, pintó en un cuadro, o diseñó algo nuevo y fresco. No tenéis habilidad para crear, solo para destruir, Fear Dearg.”
Él asintió. “He gastado siglos, más siglos que el mayor reconocimiento, aprendiendo la lección de ustedes, Oscuridad.”
“¿Y qué lección habéis aprendido?” Pregunté. Mi voz era suave, como si no estuviera segura de saber la respuesta.
“Que las personas son reales. Que los humanos no están para nuestro placer y la matanza, y que ellos son personas, también.” Miró hacia Doyle. “Pero los Fear Dearg sobrevivieron lo suficiente para ver la poderosa caída mientras caíamos. Observamos la disminución del poder y la gloria de los sidhe, y de los pocos de nosotros que dejaron de alegrarse.”
“Y aun estás arrodillando ante nosotros de nuevo,” dijo Doyle.
Él agitó su cabeza. “Me arrodillo ante la reina de los sluagh, no de la corte Oscuridad o de la Luz. Me arrodillo ante la Reina Meredith, y si su Rey Sholto estuviera aquí lo reconocería a él. Él ha conservado la fe con sus otras partes.”
“Los tentáculos de Sholto son solo un tatuaje a menos que él los llame. Él parece tan sidhe como cualquiera de nosotros,” dijo Doyle.
“Y si yo quisiera a una joven damisela común y corriente, ¿no usaría mi glamur para hacerme parecer a mi mismo un poco mejor?”
“Esos es ilegal, usar la magia para engañar a alguien con el fin de acostarse con ella,” dijo O’ Brian.
No me había dado cuenta que la policía se había movido para alcanzar a oírnos.
El Fear Dearg le miró echando chispas por los ojos. “¿Y no se maquilla para sus citas, Oficial? ¿No se pone un bonito vestido?”
Ella no le contestó.
“Pero no hay maquillaje que cubra esto.” El señaló a su propia cara. “No hay traje que oculte mi cuerpo. Es magia o nada para mí. Podría hacerte comprender qué es lo que podría parecer distorsionado ante los ojos de los otros humanos.”
“No la dañarás,” dijo Doyle.
“Ah, el gran sidhe habla y todos debemos escucharle.”
“No has aprendido nada, Fear Dearg,” dijo Doyle.
“Amenazaste con usar la magia para deformar a O’ Brian,” dije.
“No, mi magia es todo glamur, para deformar tendría que usar algo más sólido.”
“No acabes con su maldición, Meredith. Ellos serían un plaga para los humanos.”
“Alguien me podría explicar cómo es la maldición, exactamente.”
“Lo haré, en el coche.” Dijo Doyle, y el dio un paso hacia delante, poniéndome detrás de él. “Fear Dearg, debimos tener piedad de ti antes, hace mucho tiempo, pero has demostrado a una mujer humana en pocas palabras que todavía eres peligroso, malvado para devolverte tus poderes.”
El Fear Dearg extendió las manos hacia mí, pasando las piernas de Doyle. “Pero dame un nombre, mi reina. Te lo ruego. Dame un nombre, y podré tener una vida de nuevo.”
“No lo hagas, Meredith, no hasta que comprendas que eran ellos y podrían ser de nuevo.”
“Hay solo un puñado de nosotros en este mundo, Oscuridad.” Su voz iba en aumento. “¿Qué daño podríamos hacer ahora?”
“Si tú no necesitaras a Meredith para ser libre de tu maldición, si tu no necesitaras de su buena voluntad, la buena voluntad de una reina del mundo de las hadas, ¿Qué le harías a alguna mujer humana esta noche, Fear Dearg?”
Los ojos del Fear Dearg mantenían ese odio. Realmente di un paso detrás de Doyle, y Frost se movió también así solo podía ver al Fear Dearg a través de sus cuerpos como al principio.
Él me miró a través de ellos dos, y fue una mirada que te hacía realmente tener miedo. Se puso de pie, con un poco de esfuerzo, como si le dolieran las rodillas por haber estado tanto tiempo en la acera. “No solo mujeres humanas, Oscuridad, ¿o has olvidado que una vez rivalicé con tu magia, y los sidhe no estaban más a salvo que los humanos?”
“No he olvidado eso.” La voz de Doyle tenía furia. Nunca había escuchado ese tono en su voz antes. Sonaba como algo más personal.
“No hay ninguna regla de cómo conseguir ser nombrados por la reina,” dijo él. “Lo he preguntado amablemente, pero ella me daría un nombre para salvarse a ella misma y a los bebés de su interior. Permítele que me nombre para salvarlos a ellos.”
Los dos hombres cerraron filas y perdí de vista al Fear Dearg. “No te acercarás a ella, Fear Dearg, o será tu muerte. Y si oímos que algunos de los crímenes humanos son obra tuya, veremos que no llevas tanto tiempo de luto por la pérdida de grandeza.”
“Ah, ¿pero como dirás que es mi trabajo o que es el trabajo de humanos que llevan el espíritu del Fear Dearg en sus almas? Esto no es música o poesía que puedas ver en las noticias, Oscuridad.”
“Nos vamos,” dijo Doyle. Dijimos adiós a Wright y a O’ Brian, y los hombre me metieron en el coche. Arrancamos pero no salimos hasta que perdimos a O’ Brian y a Wright en la masa de policías camino a bajo. Pienso que ninguno de nosotros quería dejar a O’ Brian cerca del Fear Dearg. Era Alice en su apariencia gótica quien salía del Fael e iba hacia el Fear Dearg. Ella lo abrazó, y él la abrazo de vuelta. Se fueron a la tetería de la mano, pero el echó una mirada por encima de sus hombros mientras ponía el todoterreno en funcionamiento. La mirada tuvo un cambio, una clase de “párame si puedes”. Ellos desaparecieron en la tienda. Nos conduje cuidadosamente hacia la calle y el tráfico, luego dije, “¿De qué demonios va todo esto?”
“Desearía no tener que contártelo en el coche,” dijo Doyle, con su agarre de muerte en la puerta y en el salpicadero. “No cuentas historias sobre los Fear Dearg cuando estas asustado. Eso los llama, y les das tu poder.”
De esto no sabía que decir, porque recordaba un tiempo cuando la Reina de la Oscuridad no sentía otra cosa excepto el miedo. Sabía que Doyle sentía todas las emociones que cualquiera pudiera sentir, pero admitir su debilidad, eso no era habitual en él. Había dicho la única cosa que podría tener para seguir preguntándole en el camino a la playa. Usé el bluetooth para llamar a la casa de la playa y a la casa principal para dejarles saber que estábamos bien. Qué los únicos heridos eran pos paparazzis. Algunos días el karma se equilibraba instantáneamente.
Los reporteros gritaban preguntas. “¿Está ayudando a la policía con este caso, Princesa?” “¿En qué consiste su ayuda en esta investigación con la policía?” “¿Por qué estaba llorando?” “¿Es el dueño de la tienda familiar suyo?”
Wright y O’ Brian intentaron empujarlos fuera de nuestro camino sin empujarlos realmente, lo cual es bastante más difícil de cómo suena. Doyle y Frost permanecían ambos a mi lado, porque la muchedumbre había crecido más allá de los reporteros. Humanos y hadas habían salido de las tiendas y restaurantes para ver sobre que era el alboroto. Era de naturaleza humana ser curioso pero ellos empezaban a añadirse a la prensa alrededor de nosotros así que habíamos tenido que parar nuestro avance.
De pronto los reporteros cayeron en silencio, no todos a la vez, sino gradualmente. Primero uno se calló, luego otro, y ellos empezaron a mirar alrededor, como si ellos hubieran oído un ruido, un inquietante ruido. Luego lo sentí también. Miedo como un frío y húmedo viento a través de tu piel. Estaba allí bajo la luz del sol de California y sentí un repulsivo escalofrío bajando por mi columna vertebral.
Doyle apretó mi brazo y esto me ayudó a pensar. El apretón ayudaba a mis escudos mágicos, y el momento se fue, el miedo fluyó como el agua fuera de mí, pero todavía podía verlo en la cara de los reporteros.
Wright y O’ Brian tenía sus manos en las armas, mirando alrededor con aprensión. Vertí mis escudos hacia ellos, lo había hecho con el glamur en Doyle y Frost antes. Los hombros de Wright se bajaron como si un peso hubiera caído en ellos. O’ Brian dijo, “¿Qué fue eso?”
“Es eso,” dijo Doyle.
“¿Qué?” Ella preguntó.
Los reporteros se separaron como una cortina. Ellos simplemente no querían estar cerca de lo que fuera que estaba caminando entre ellos. El Fear Dearg caminaba hacia nosotros sonriéndonos abiertamente con su sonrisa de dientes salidos. Había estado en lo cierto; era una sonrisa demoníaca. El placer que sentía por el miedo de los reporteros se mostraba en su cara y en el balanceo chulesco de su caminar.
Él vino a colocarse en frente de nosotros, y luego se arrodilló ante nosotros. “Mi reina,” el dijo.
Una cámara lo fotografió, congelando la imagen para las noticias de mañana, o de esta noche. El Fear Dearg miró en la dirección del flash y hubo un chillido, luego un hombre salió corriendo a la acera. Sus muchas cámaras producían un ruido metálico como si el corriera gritando, como si toda la cacería salvaje le estuviera persiguiendo.
Los otros reporteros dieron un colectivo paso hacia atrás. El Fear Dearg hizo una risita malvada, y solo el sonido fue suficiente para ponerme la piel de gallina. Si hubiera estado sola en alguna carretera oscura hubiera sido terrorífico.
“Debes de practicar esa risa,” le dije. “Es absolutamente demoníaca.”
Él me sonrió abiertamente. “A un hada le gusta saber que su trabajo es apreciado, mi reina.”
Un reportero voceó con la voz entrecortada, “él le llamó su reina. ¿Quiere eso decir que se quedó con el trono?”
El Fear Dearg se puso de pie y saltó hacia ellos, manos en alto, “¡Bu!” Los reporteros huyeron de su lado. Él hizo un movimiento hacia el otro grupo, pero la mayoría de ellos ya habían retrocedido, manos tendidas, como si mostrara que ellas significaban que no causaría daño.
Una mujer preguntó en una jadeante voz, “Meredith, ¿Eres la reina de la corte de la Oscuridad?”
“No,” respondí.
El Fear Dearg me miró. “¿Debería decirle que la corona se posicionó sobre tu cabeza primero?”
“No aquí,” dijo Doyle.
El Fear Dearg le miró furiosamente. “No te lo he preguntado a ti, Oscuridad. Si fuéramos parientes, podría ser diferente, pero no te debo nada, solo a ella.”
Me di cuenta de que Doyle rechazaba reconocer que su ascendencia era similar a la del Fear Dearg por tanto era un insulto hacia el hada.
Doyle pareció descifrarlo también, porque él dijo, “no estoy escondiendo mi herencia mixta, Fear Dearg. Solo quiero decir que no tengo nada de tu sangre en mis venas, lo cual es verdad.”
“Si, pero tú has tenido nuestra sangre en tu espada, ¿no ha sido así? Antes de que fueras la Oscuridad de la Reina, antes de que fueras un Nudons y curaras con tu magia primaveral, fuiste otras cosas, otros nombres.” El Fear Dearg bajó su voz con cada palabra, hasta que los reporteros restantes empezaran a acercarse para intentar oír. Sabía que Doyle había sido algo antes de que fuera adorado como un dios, y que no había nacido al lado de la Reina Andais, pero nunca había preguntado. A los más viejos de los sidhe no les gustaba hablar sobre los tiempos pasados, cuando nuestra gente era grandiosa.
El Fear Dearg giró rápidamente y saltó hacia los reporteros con un grito “¡Ah!” Ellos corrieron, unos se cayó y los demás lo pisotearon en la locura de escapar de él. El único en el suelo se levantó y corrió rápidamente con los otros.
O’ Brian dijo, “No es estrictamente legal usar magia con la prensa.”
El Fear Dearg irguió su cabeza hacia un lado como un pájaro espiando un gusano. La mirada hizo que O’ Brian tragara fuertemente, pero con mi escudo alrededor ella se mantuvo en su sitio. “¿Y cómo pensabas moverlos, chiquilla?”
“Oficial O’ Brian,” ella dijo.
Él le sonrió, y sentí su sobresalto, pero ella no retrocedió. Se ganó un punto por su valentía, pero no estaba segura que burlarse de él, después de que hubiera mostrado un obvio interés sexual por ella durante el interrogatorio de Bittersweet, fuera una buena idea. Algunas veces un pequeño temor es una inteligente cosa.
Él empezó a invadir su espacio personal, y me puso entre ellos. “¿Qué es lo que quieres Fear Dearg? Aprecio tu ayuda, lo hago, pero no lo hiciste para sacar la bondad de tu corazón.”
Miró de manera lasciva a O’ Brian, se giró y me miró de la misma manera a mí. Eso no me incomodó. “No tengo bondad en mi corazón, mi reina, solo mal.”
“Nadie es solo maldad,” dije.
Esa mirada creció hasta que su cara era una máscara de intento de maldad, pero era la clase de maldad que tienen las máscaras de Halloween. “Eres demasiado joven para comprender lo que soy.”
“Conozco el mal,” dije, “no se consigue con una máscara y una mirada. El mal está en las caras de los que supuestamente te aman y se preocupan por ti, pero no lo hacen. El mal está en una bofetada, o en una mano aguantándote bajo el agua hasta que no puedes respirar, y durante todo esto su cara está serena, no enfadada, ni loca, porque ella cree que está haciendo lo correcto.”
Su malvada cara empezó a doblarse hacia abajo convirtiéndose en algo más seria. El me contempló, y dijo, “los rumores dice que aguantaste muchos abusos de manos de tus parientes sidhe.”
Doyle se giró a los oficiales de policía. “¿Nos dan un poco de privacidad, por favor?”
Wright y O’ Brian intercambiaron miradas, luego Wright se encogió de hombros. “Solo nos dijeron que os teníamos que llevar sanos y salvos al coche, así que podemos esperar por aquí.”
O’ Brian intentó protestar, pero su compañero insistió. Ellos discutieron silenciosamente mientras nos daban nuestra privacidad.
La mano de Doyle estaba tensa en mi brazo, Frost se movió más cerca. Ellos me estaban diciendo silenciosamente que no compartiera las historias de la corte, pero la reina nunca le había importado que hablase sobre algunas cosas. “Y sus amigos, nunca olvidan a sus amigos, nunca podría,” dije.
El miró hacia Frost y Doyle, y preguntó, “¿Te atormentaron ellos antes de convertirse en tus amantes?”
Negué con mi cabeza. “No, no he tomado amantes quienes me hubieran puesto una mano encima.”
“Te fuiste del sithen de la corte de la Oscuridad. Todos ellos vinieron a L.A. contigo. ¿Quiénes se quedaron, fueron los que te atormentaron?”
“Solo tomé a los guardias, no a los nobles,” dije.
“Pero todos los guardias eran nobles entre los sidhe, o ellos no eran dignos de la protección de la reina, o del rey.”
Me encogí. “Llamé para mí lo que era mío.”
Se arrodilló de nuevo, pero muy cerca de mis pies, así que tuve que luchar con la urgencia de dar un paso hacia atrás. Antes lo hubiera hecho, pero algo sobre este momento me hizo que quisiera ser la reina que el Fear Dearg necesitaba. Doyle pareció sentir lo que había pensado, ya que el puso su mano en mi espalada como si me ayudara a no retroceder. Frost simplemente se movió a mi otro lado, así que el casi me tocaba, pero él seguía teniendo sus manos libres para sus armas, por si acaso. En público ellos intentaban que uno de ellos se mantuviera libre para eso, aunque algunas veces era duro para mí tratar con mi consuelo y con mi protección a la vez.
“No has llamado a los Fear Dearg, Reina Meredith.”
“No sabía que eran míos para llamarlos.”
“Estamos malditos y nuestras mujeres son destruidas así que no importa cuán longevos seamos, los Fear Dearg estamos en una carrera hacia la muerte.”
“Nunca había oído ni un indicio de que los Fear Dearg tengan mujeres, o una maldición.”
Sus airados ojos negros cambiaron de dirección de Doyle hacia mí. “Pregunta a cualquiera si digo la verdad.”
Miré a Doyle. Él simplemente asintió.
“Nosotros y los Gorras Rojas casi vencimos a los sidhe. Éramos dos orgullosos competidores, y hubo mucho derramamiento de sangre. Los sidhe vinieron a ayudar a los humanos, para salvarlos de nosotros.” Su voz era amarga.
“Podríais haber matado a cada hombre, mujer y niño.” Dijo Doyle.
“Quizás lo hubiéramos hecho,” dijo él, “pero era nuestro derecho el hacerlo. Eran nuestros adoradores antes de que fueran los vuestros, sidhe.”
“¿Y qué es un dios que destruye a quienes lo adoran, Fear Dearg?”
“¿Qué es un dios que ha perdido a todos sus seguidores, Nudons?”
“No soy un dios, ni nunca lo fui.”
“Pero todos pensábamos que lo éramos, ¿no lo hacíamos, Oscuridad?” Él hizo esa perturbadora risa de nuevo.
Doyle asintió, su mano tensa en mi espalda. “Pensábamos muchas cosas que resultaron no ser verdad.”
“Si, eso es lo que hicimos, Oscuridad.” El Fear Dearg sonaba triste.
“Te contaré la verdad, Fear Dearg. Te había olvidado, a tu gente y a lo que ocurrió hace tanto tiempo.”
Él miró hacia Doyle. “Oh, sí, los sidhe hicieron muchas cosas que simplemente olvidaron. Ello se lavaron las manos no en agua, o incluso en sangre, sino en el olvido y el tiempo.”
“Meredith no puede hacer lo que quieres.”
“Ella es la reina coronada de los sluagh, y por un corto tiempo reina de la corte de la Oscuridad. Coronada por el país de las hadas y por la Diosa, eso es por lo que estábamos esperando, Oscuridad. Tú y tu gente, nosotros estábamos malditos sin nombre, sin hijos, sin hogar, hasta que una reina fuera coronada como es debido por la Diosa y el país de las hadas concediéndonos un nombre de nuevo.” Él me miró. “Era la manera para ellos de maldecirnos para siempre sin que sonara como para siempre. Era la manera de atormentarnos. Solíamos venir antes con cada nueva reina a preguntar si nuestros nombres eran devueltos, y todas ellas nos lo rechazaron.”
“Ellas recordaban lo que erais, Fear Dearg,” dijo Doyle.
El Fear Dearg se giró hacia Frost, “Y tú, Asesino Frost, ¿Por qué tan silencioso? ¿No tienes opinión y la Oscuridad te las da? Ese es el rumor, que eres su sub.”
No estaba enteramente segura de que Frost hubiera comprendido esta última parte, pero sabía que estaba siendo ridiculizado. “No recuerdo el destino del Fear Dearg. Desperté del invierno, y tu gente se habían ido.”
“Eso es cierto, eso es cierto, una vez fuiste el diminuto Jackie Frost, solo un criado más en la corte de la Reina del Invierno.” Él hizo ese ladeado de cabeza de nuevo. “¿Cuándo te convertiste en un sidhe, Frost? ¿Cómo creciste en el poder mientras todo el resto de nosotros nos desvanecíamos?”
“La gente cree en mí. Soy Jack Frost. Ellos hablan, escriben libros e historias, lo niños buscan en sus ventanas, ven el hielo en ellas, y piensan que yo lo hice.” Frost dio un paso hacia el pequeño hombre arrodillado. “¿Y qué dicen de ti los niños humanos, Fear Dearg? Hoy en día apenas eres un susurro en las mentes de los humanos, todo olvidado.”
El Fear Dearg le dio una mirada que era escalofriante, tan real, que anidaba odio. “Ellos nos recuerdan, Jackie, nos recuerdan. Vivimos en sus recuerdos y en sus corazones. Recordándoles lo que les hicimos.”
“Las mentiras no te ayudaran, solo la verdad.” Dijo Doyle.
“No es una mentira, Oscuridad, ve a un cine y observa sus roces con el horror. Sus asesinatos en serie, sus guerras, sus matanzas en las noticias de la tarde cuando un hombre mata a su familia entera por no saber que él había perdido su trabajo, o la mujer que ahoga a su niño para poder tener a otro hombre. Oh, no, Oscuridad, los humanos nos recuerdan. Éramos las voces en la oscuridad de la noche del alma humana, y lo que plantamos allí sigue vivo. Los Gorras Rojas les dieron la guerra, no cometiendo ningún error sobre eso.”
“Y nosotros les dimos la música, las historias, el arte y la belleza,” dijo Doyle.
“Eres un sidhe Oscuro; también les diste masacre.”
“Ambos se los dimos,” digo Doyle, “tú nos odias porque nosotros ofrecimos más que solo sangre, muerte y miedo. Ningún Gorra Roja, o Fear Dearg, escribió un poema, pintó en un cuadro, o diseñó algo nuevo y fresco. No tenéis habilidad para crear, solo para destruir, Fear Dearg.”
Él asintió. “He gastado siglos, más siglos que el mayor reconocimiento, aprendiendo la lección de ustedes, Oscuridad.”
“¿Y qué lección habéis aprendido?” Pregunté. Mi voz era suave, como si no estuviera segura de saber la respuesta.
“Que las personas son reales. Que los humanos no están para nuestro placer y la matanza, y que ellos son personas, también.” Miró hacia Doyle. “Pero los Fear Dearg sobrevivieron lo suficiente para ver la poderosa caída mientras caíamos. Observamos la disminución del poder y la gloria de los sidhe, y de los pocos de nosotros que dejaron de alegrarse.”
“Y aun estás arrodillando ante nosotros de nuevo,” dijo Doyle.
Él agitó su cabeza. “Me arrodillo ante la reina de los sluagh, no de la corte Oscuridad o de la Luz. Me arrodillo ante la Reina Meredith, y si su Rey Sholto estuviera aquí lo reconocería a él. Él ha conservado la fe con sus otras partes.”
“Los tentáculos de Sholto son solo un tatuaje a menos que él los llame. Él parece tan sidhe como cualquiera de nosotros,” dijo Doyle.
“Y si yo quisiera a una joven damisela común y corriente, ¿no usaría mi glamur para hacerme parecer a mi mismo un poco mejor?”
“Esos es ilegal, usar la magia para engañar a alguien con el fin de acostarse con ella,” dijo O’ Brian.
No me había dado cuenta que la policía se había movido para alcanzar a oírnos.
El Fear Dearg le miró echando chispas por los ojos. “¿Y no se maquilla para sus citas, Oficial? ¿No se pone un bonito vestido?”
Ella no le contestó.
“Pero no hay maquillaje que cubra esto.” El señaló a su propia cara. “No hay traje que oculte mi cuerpo. Es magia o nada para mí. Podría hacerte comprender qué es lo que podría parecer distorsionado ante los ojos de los otros humanos.”
“No la dañarás,” dijo Doyle.
“Ah, el gran sidhe habla y todos debemos escucharle.”
“No has aprendido nada, Fear Dearg,” dijo Doyle.
“Amenazaste con usar la magia para deformar a O’ Brian,” dije.
“No, mi magia es todo glamur, para deformar tendría que usar algo más sólido.”
“No acabes con su maldición, Meredith. Ellos serían un plaga para los humanos.”
“Alguien me podría explicar cómo es la maldición, exactamente.”
“Lo haré, en el coche.” Dijo Doyle, y el dio un paso hacia delante, poniéndome detrás de él. “Fear Dearg, debimos tener piedad de ti antes, hace mucho tiempo, pero has demostrado a una mujer humana en pocas palabras que todavía eres peligroso, malvado para devolverte tus poderes.”
El Fear Dearg extendió las manos hacia mí, pasando las piernas de Doyle. “Pero dame un nombre, mi reina. Te lo ruego. Dame un nombre, y podré tener una vida de nuevo.”
“No lo hagas, Meredith, no hasta que comprendas que eran ellos y podrían ser de nuevo.”
“Hay solo un puñado de nosotros en este mundo, Oscuridad.” Su voz iba en aumento. “¿Qué daño podríamos hacer ahora?”
“Si tú no necesitaras a Meredith para ser libre de tu maldición, si tu no necesitaras de su buena voluntad, la buena voluntad de una reina del mundo de las hadas, ¿Qué le harías a alguna mujer humana esta noche, Fear Dearg?”
Los ojos del Fear Dearg mantenían ese odio. Realmente di un paso detrás de Doyle, y Frost se movió también así solo podía ver al Fear Dearg a través de sus cuerpos como al principio.
Él me miró a través de ellos dos, y fue una mirada que te hacía realmente tener miedo. Se puso de pie, con un poco de esfuerzo, como si le dolieran las rodillas por haber estado tanto tiempo en la acera. “No solo mujeres humanas, Oscuridad, ¿o has olvidado que una vez rivalicé con tu magia, y los sidhe no estaban más a salvo que los humanos?”
“No he olvidado eso.” La voz de Doyle tenía furia. Nunca había escuchado ese tono en su voz antes. Sonaba como algo más personal.
“No hay ninguna regla de cómo conseguir ser nombrados por la reina,” dijo él. “Lo he preguntado amablemente, pero ella me daría un nombre para salvarse a ella misma y a los bebés de su interior. Permítele que me nombre para salvarlos a ellos.”
Los dos hombres cerraron filas y perdí de vista al Fear Dearg. “No te acercarás a ella, Fear Dearg, o será tu muerte. Y si oímos que algunos de los crímenes humanos son obra tuya, veremos que no llevas tanto tiempo de luto por la pérdida de grandeza.”
“Ah, ¿pero como dirás que es mi trabajo o que es el trabajo de humanos que llevan el espíritu del Fear Dearg en sus almas? Esto no es música o poesía que puedas ver en las noticias, Oscuridad.”
“Nos vamos,” dijo Doyle. Dijimos adiós a Wright y a O’ Brian, y los hombre me metieron en el coche. Arrancamos pero no salimos hasta que perdimos a O’ Brian y a Wright en la masa de policías camino a bajo. Pienso que ninguno de nosotros quería dejar a O’ Brian cerca del Fear Dearg. Era Alice en su apariencia gótica quien salía del Fael e iba hacia el Fear Dearg. Ella lo abrazó, y él la abrazo de vuelta. Se fueron a la tetería de la mano, pero el echó una mirada por encima de sus hombros mientras ponía el todoterreno en funcionamiento. La mirada tuvo un cambio, una clase de “párame si puedes”. Ellos desaparecieron en la tienda. Nos conduje cuidadosamente hacia la calle y el tráfico, luego dije, “¿De qué demonios va todo esto?”
“Desearía no tener que contártelo en el coche,” dijo Doyle, con su agarre de muerte en la puerta y en el salpicadero. “No cuentas historias sobre los Fear Dearg cuando estas asustado. Eso los llama, y les das tu poder.”
De esto no sabía que decir, porque recordaba un tiempo cuando la Reina de la Oscuridad no sentía otra cosa excepto el miedo. Sabía que Doyle sentía todas las emociones que cualquiera pudiera sentir, pero admitir su debilidad, eso no era habitual en él. Había dicho la única cosa que podría tener para seguir preguntándole en el camino a la playa. Usé el bluetooth para llamar a la casa de la playa y a la casa principal para dejarles saber que estábamos bien. Qué los únicos heridos eran pos paparazzis. Algunos días el karma se equilibraba instantáneamente.
miércoles, 30 de junio de 2010
Capítulo 12
Había ambulancias, policías, y cristal por todos lados. En la tienda ninguno de nosotros estaba herido, pero a algunos paparazis habían tenido que llevarlos al hospital. La mayoría de las personas embutidas en el cristal habían sido fotógrafos intentando conseguir la foto que los haría ricos. Se rumoreaba que ciertas fotos valdrían cientos de miles de dólares. Después de hoy, creería los rumores.
Lucy permanecía encima mía mientras el médico de la ambulancia me revisaba. Mi protesta de, “estoy bien. No estoy herida,” cayó en saco roto. Cuando Lucy me había encontrado dentro de la charcutería cubierta de cristales rotos se había quedado blanca. Miré a la alta morena y me di cuenta que aunque nunca hubiéramos ido de compras juntas, ella era mi amiga.
El ats tiró del tensiómetro de mi brazo y dijo, “todo parece estar bien. La tensión, todo. Pero no soy doctor, y claro como el día que tampoco un pediatra.”
“¿Entonces piensa que debería ir al hospital?” Preguntó Lucy.
El ats frunció el ceño y sentí su dilema. Si él decía que no y estaba equivocado, el estaría jodido. Pero había otras personas quienes estaban realmente heridos, y si el dejaba a alguno detrás por llevarme, y por casualidad, ese moría, estaría jodido también.
Ella se giró hacia Doyle y Frost buscando su apoyo. “Díganle a ella que necesita ir a un hospital.”
Ambos intercambiaron una mirada, luego Doyle le dio un pequeño asentimiento como si dijese, “Adelante,” y Frost contestó, “No le “diremos” a Merry que eso lo que tiene que hacer, detective. Ella es nuestra princesa.”
“Pero ella lleva vuestros bebes,” dijo Lucy.
“Eso no nos da el derecho de ordenarle.” Dijo.
Doyle añadió, “espero que comprenda que es lo mejor para todos, detective Tate.”
Ella les endureció el gesto a ambos, luego se giró hacia mí. “Prométeme que tendrás cuidado y serás responsable.”
“Lo prometo,” le dije.
Ella tomó un montón de aire, y luego lo dejo de ir lentamente, luego asintió. “Bien. Ok. Te dejaré ir. Si ninguno de vosotros estáis preocupados, no sé por qué me tomo las molestias.”
Le sonreí. “Porque somos amigas, y la amigas se preocupan las unas por las otras.”
Ella me miró casi avergonzada, luego me sonrió abiertamente. “Bien. Ve y disfruta del resto del sábado.”
Doyle extendió una mano y le permití que me ayudara a ponerme de pie aunque realmente no lo necesitaba. Ambos habían estado más calmados que Lucy, pero luego ellos estarían conmigo todo el tiempo. No sabían nada de lo que me había pasado físicamente, pero eran muy cuidadosos en comparación a como lo habían sido antes. Era conmovedor y un poco irritante. Estaba preocupada de que mientras el embarazo progresara sería menos conmovedor y mucho más irritante, pero me preocuparía de esto en otro momento. Éramos libres de ir a la playa, y aun había luz del sol que disfrutar. Todo era estupendo.
El ats preguntó, “¿Entonces, todo terminado aquí princesa?”
“Si,” dijo Lucy, “ve y encuentra a alguien que se esté muriendo por dar una vuelta.”
El sonrió, obviamente aliviado, y corrió por encontrar a alguien quien realmente necesitara una carrera al hospital.
“Te daré un par de policías para que te escolten de vuelta al coche.” Ella señaló con un asentimiento hacia la prensa que estaban refrenados por una cinta y barreras. Extrañamente, los paparazis que habían sido heridos, eran noticia por si solos. Me preguntaba si ellos serían felices de estar al otro lado de la cámara.
“Alguno de ellos nos seguirán a la playa.” Dijo Frost.
“Intentaré perderlos.”
“No, no quiero ver lo que esto podría deparar en las carreteras de la playa.” Dijo Doyle tan rápido que incluso Lucy pilló su ansiedad.
“Tan alto, oscuro, y mortífero, y aun no se siente cómodo con los coches.” Ella dirigió el comentario hacia mí.
Le sonreí y agité mi cabeza.
“Prefiero la limusina; al menos no puedo ver la carretera tan claramente.”
Lucy sonrió y agitó su cabeza. “Sabes, esto hace que me gustes mas, sintiendo miedo por algo, Doyle.”
Él le frunció el cejo, y probablemente iba a responderle, pero el teléfono de ella sonó. Ella lo comprobó, y vio que necesitaba responder. Nos señaló con un dedo para que esperáramos.
“Dime que es un chiste,” dijo ella. Su tono no era nada divertido.
“¿Cómo?,” ella preguntó, luego escuchó y dijo, “ya veremos cómo lo arreglaremos.” Colgó el teléfono y maldijo suavemente, completamente bajo su aliento.
“¿Qué va mal?” Pregunté.
“Mientras estábamos haciendo limpieza de este lío, nuestro testigo se dio a la fuga. No podemos encontrarla.”
“¿Cuándo consiguió ella…?”
“Él no lo sabe. Aparentemente cuando había solo unos pocos de nosotros, el cortejo de Gilda se volvió excitado, cuando ellos se calmaron, el testigo se había ido.” Noté que ella era cuidadosa en no decir el nombre de Bittersweet en público. Era una buena precaución cuando los asesinos eran mágicos; tú nunca sabías quién, o cómo, está escuchando.
“Lucy, lo siento. Si no hubieras tenido que venir a ayudarnos, eso no hubiera ocurrido.”
Ella miró furiosamente a los paparazis que no estaban heridos pero que la policía los había forzado a esperar para interrogarlos. “Tú no hubieras necesitado ayuda si esos bastardos no te hubieran acosado.”
“No creo que puedas culparlo a ellos de algo.” Dije.
“Encontraremos algo,” dijo ella, con su voz llena de furia. El enfadado era probablemente por la escapada de Bittersweet y por tener que contarles a sus jefes que ella estaba rescatando a la princesa de las hadas de los grandes y malos reporteros cuando esto estaba ocurriendo, pero los paparazis ilesos serían un buen objetivo para su enfado.
“Vamos, disfrutad del fin de semana. Le echaré un ojo a esta gente y os daré un escolta para que os acompañe al coche. Mandaré algunos coches para asegurarme que no os siguen desde Fael, pero si ellos te están esperando más allá” –ella se encogió- “no hay nada más que pueda hacer.”
Tomé su mano y se la apreté. “Gracias por todo, y siento que vayas a sufrir por culpa de lo del testigo.”
Ella sonrió, pero sus ojos no eran lo suficientemente felices. “Podré con ello. Vamos, ten tu picnic o lo que sea.” Se apartó, y volvió a su ceño fruncido. Se acercó a nosotros y susurró. “¿Cómo encontrarías a alguien que es solo cuatro pulgadas de alto en una ciudad del tamaño de Los Ángeles?”
Era una buena pregunta, y tenía una práctica respuesta. “Ella es una de las más pequeñas de nosotros, así que ella es muy sensible al metal y a la tecnología. Por tanto búscala en parques, espacios vacíos, calles con aceras con grandes árboles. Ella necesita de la naturaleza para sobrevivir.
“¿Qué clase de hada de las flores es ella?” Preguntó Frost.
“No lo sé,” dijo Lucy.
“Buena idea, Frost,” dije. “Averígualo, Lucy, porque ella estará atraída por sus plantas. Algunas están tan vinculadas a un trozo de tierra que si sus plantas se extinguieran ellas morirían.”
“Guau, eso la hace ambientalmente activa,” dijo Lucy.
Asentí.
“¿Quién podría saber que flores le gustan?”
“Robert debe saber,” dije.
“Gilda sabría,” dijo Doyle.
Lucy le frunció el ceño. “Ella ha sido llamada por su abogado. No va a hablar con nosotros.”
“Lo hará si le dices que no cooperar dañará a su gente,” dijo Doyle.
“No creo que le importe demasiado,” dijo Lucy.
Él le dio una pequeña sonrisa. “Dile que Meredith se preocupa más mas que ella, obviamente esto implica que Meredith es un mejor y afectuoso gobernante, así creo que Gilda como mínimo te dirá las plantas.”
Ella lo miró con un asentimiento de aprobación. “Ellos son guapos y listos. Eso no es feérico. ¿Por qué no puedo encontrar a un príncipe azul como estos tíos?”
No estaba segura de que decir, pero Doyle lo estaba. “No somos los príncipes azules en nuestra historia, detective Tate. Meredith fue a nuestro rescate y nos salvó de nuestros tristes destinos.”
“¿Entonces ella es la princesa azul?”
Él sonrió y esta vez fue brillantemente, algo que usualmente no hacía. Hizo que Lucy se sonrojase solo un poco, y comprendí que a ella le gustaba Doyle. No podía culparla. “Si, detective, ella es nuestra princesa azul.”
Frost tomó una de mis manos en las suyas, y me miró con todo en sus ojos. “Ella lo es.”
“Entonces más bien esperaré a que el príncipe me encuentre, ¿necesito buscar a alguien al que salvar y llevar a casa?”
“Eso funcionó para mi,” dije.
Ella agitó su cabeza. “Salvo a personas todos los días, o lo intento, Merry. Solo una vez me gustaría ser salvada por alguien.”
Agité mi cabeza. “Yo he sido ambas, Lucy. Confía en mí, es mejor ser el que rescate.”
“Si tú lo dices. Tengo que ir a ver si Robert sabe dónde encontrar a nuestra pequeña amiga.” Nos despidió con su mano y se encaminó hacia el gentío.
Dos oficiales uniformados aparecieron como si ella les hubiera dicho que se acercaran cuando ella nos dejara, probablemente lo hizo. Eran nuestros viejos amigos Wright y O’ Brian. “Suponemos que debemos vigilar que lleguen seguros al coche,” dijo Wright.
“Pues vamos,” dije.
Empezamos nuestro viaje de vuelta por el camino que habíamos venido, a través del bombardeo de nuevos flashes de cámaras de más y más paparazis y reporteros.
Lucy permanecía encima mía mientras el médico de la ambulancia me revisaba. Mi protesta de, “estoy bien. No estoy herida,” cayó en saco roto. Cuando Lucy me había encontrado dentro de la charcutería cubierta de cristales rotos se había quedado blanca. Miré a la alta morena y me di cuenta que aunque nunca hubiéramos ido de compras juntas, ella era mi amiga.
El ats tiró del tensiómetro de mi brazo y dijo, “todo parece estar bien. La tensión, todo. Pero no soy doctor, y claro como el día que tampoco un pediatra.”
“¿Entonces piensa que debería ir al hospital?” Preguntó Lucy.
El ats frunció el ceño y sentí su dilema. Si él decía que no y estaba equivocado, el estaría jodido. Pero había otras personas quienes estaban realmente heridos, y si el dejaba a alguno detrás por llevarme, y por casualidad, ese moría, estaría jodido también.
Ella se giró hacia Doyle y Frost buscando su apoyo. “Díganle a ella que necesita ir a un hospital.”
Ambos intercambiaron una mirada, luego Doyle le dio un pequeño asentimiento como si dijese, “Adelante,” y Frost contestó, “No le “diremos” a Merry que eso lo que tiene que hacer, detective. Ella es nuestra princesa.”
“Pero ella lleva vuestros bebes,” dijo Lucy.
“Eso no nos da el derecho de ordenarle.” Dijo.
Doyle añadió, “espero que comprenda que es lo mejor para todos, detective Tate.”
Ella les endureció el gesto a ambos, luego se giró hacia mí. “Prométeme que tendrás cuidado y serás responsable.”
“Lo prometo,” le dije.
Ella tomó un montón de aire, y luego lo dejo de ir lentamente, luego asintió. “Bien. Ok. Te dejaré ir. Si ninguno de vosotros estáis preocupados, no sé por qué me tomo las molestias.”
Le sonreí. “Porque somos amigas, y la amigas se preocupan las unas por las otras.”
Ella me miró casi avergonzada, luego me sonrió abiertamente. “Bien. Ve y disfruta del resto del sábado.”
Doyle extendió una mano y le permití que me ayudara a ponerme de pie aunque realmente no lo necesitaba. Ambos habían estado más calmados que Lucy, pero luego ellos estarían conmigo todo el tiempo. No sabían nada de lo que me había pasado físicamente, pero eran muy cuidadosos en comparación a como lo habían sido antes. Era conmovedor y un poco irritante. Estaba preocupada de que mientras el embarazo progresara sería menos conmovedor y mucho más irritante, pero me preocuparía de esto en otro momento. Éramos libres de ir a la playa, y aun había luz del sol que disfrutar. Todo era estupendo.
El ats preguntó, “¿Entonces, todo terminado aquí princesa?”
“Si,” dijo Lucy, “ve y encuentra a alguien que se esté muriendo por dar una vuelta.”
El sonrió, obviamente aliviado, y corrió por encontrar a alguien quien realmente necesitara una carrera al hospital.
“Te daré un par de policías para que te escolten de vuelta al coche.” Ella señaló con un asentimiento hacia la prensa que estaban refrenados por una cinta y barreras. Extrañamente, los paparazis que habían sido heridos, eran noticia por si solos. Me preguntaba si ellos serían felices de estar al otro lado de la cámara.
“Alguno de ellos nos seguirán a la playa.” Dijo Frost.
“Intentaré perderlos.”
“No, no quiero ver lo que esto podría deparar en las carreteras de la playa.” Dijo Doyle tan rápido que incluso Lucy pilló su ansiedad.
“Tan alto, oscuro, y mortífero, y aun no se siente cómodo con los coches.” Ella dirigió el comentario hacia mí.
Le sonreí y agité mi cabeza.
“Prefiero la limusina; al menos no puedo ver la carretera tan claramente.”
Lucy sonrió y agitó su cabeza. “Sabes, esto hace que me gustes mas, sintiendo miedo por algo, Doyle.”
Él le frunció el cejo, y probablemente iba a responderle, pero el teléfono de ella sonó. Ella lo comprobó, y vio que necesitaba responder. Nos señaló con un dedo para que esperáramos.
“Dime que es un chiste,” dijo ella. Su tono no era nada divertido.
“¿Cómo?,” ella preguntó, luego escuchó y dijo, “ya veremos cómo lo arreglaremos.” Colgó el teléfono y maldijo suavemente, completamente bajo su aliento.
“¿Qué va mal?” Pregunté.
“Mientras estábamos haciendo limpieza de este lío, nuestro testigo se dio a la fuga. No podemos encontrarla.”
“¿Cuándo consiguió ella…?”
“Él no lo sabe. Aparentemente cuando había solo unos pocos de nosotros, el cortejo de Gilda se volvió excitado, cuando ellos se calmaron, el testigo se había ido.” Noté que ella era cuidadosa en no decir el nombre de Bittersweet en público. Era una buena precaución cuando los asesinos eran mágicos; tú nunca sabías quién, o cómo, está escuchando.
“Lucy, lo siento. Si no hubieras tenido que venir a ayudarnos, eso no hubiera ocurrido.”
Ella miró furiosamente a los paparazis que no estaban heridos pero que la policía los había forzado a esperar para interrogarlos. “Tú no hubieras necesitado ayuda si esos bastardos no te hubieran acosado.”
“No creo que puedas culparlo a ellos de algo.” Dije.
“Encontraremos algo,” dijo ella, con su voz llena de furia. El enfadado era probablemente por la escapada de Bittersweet y por tener que contarles a sus jefes que ella estaba rescatando a la princesa de las hadas de los grandes y malos reporteros cuando esto estaba ocurriendo, pero los paparazis ilesos serían un buen objetivo para su enfado.
“Vamos, disfrutad del fin de semana. Le echaré un ojo a esta gente y os daré un escolta para que os acompañe al coche. Mandaré algunos coches para asegurarme que no os siguen desde Fael, pero si ellos te están esperando más allá” –ella se encogió- “no hay nada más que pueda hacer.”
Tomé su mano y se la apreté. “Gracias por todo, y siento que vayas a sufrir por culpa de lo del testigo.”
Ella sonrió, pero sus ojos no eran lo suficientemente felices. “Podré con ello. Vamos, ten tu picnic o lo que sea.” Se apartó, y volvió a su ceño fruncido. Se acercó a nosotros y susurró. “¿Cómo encontrarías a alguien que es solo cuatro pulgadas de alto en una ciudad del tamaño de Los Ángeles?”
Era una buena pregunta, y tenía una práctica respuesta. “Ella es una de las más pequeñas de nosotros, así que ella es muy sensible al metal y a la tecnología. Por tanto búscala en parques, espacios vacíos, calles con aceras con grandes árboles. Ella necesita de la naturaleza para sobrevivir.
“¿Qué clase de hada de las flores es ella?” Preguntó Frost.
“No lo sé,” dijo Lucy.
“Buena idea, Frost,” dije. “Averígualo, Lucy, porque ella estará atraída por sus plantas. Algunas están tan vinculadas a un trozo de tierra que si sus plantas se extinguieran ellas morirían.”
“Guau, eso la hace ambientalmente activa,” dijo Lucy.
Asentí.
“¿Quién podría saber que flores le gustan?”
“Robert debe saber,” dije.
“Gilda sabría,” dijo Doyle.
Lucy le frunció el ceño. “Ella ha sido llamada por su abogado. No va a hablar con nosotros.”
“Lo hará si le dices que no cooperar dañará a su gente,” dijo Doyle.
“No creo que le importe demasiado,” dijo Lucy.
Él le dio una pequeña sonrisa. “Dile que Meredith se preocupa más mas que ella, obviamente esto implica que Meredith es un mejor y afectuoso gobernante, así creo que Gilda como mínimo te dirá las plantas.”
Ella lo miró con un asentimiento de aprobación. “Ellos son guapos y listos. Eso no es feérico. ¿Por qué no puedo encontrar a un príncipe azul como estos tíos?”
No estaba segura de que decir, pero Doyle lo estaba. “No somos los príncipes azules en nuestra historia, detective Tate. Meredith fue a nuestro rescate y nos salvó de nuestros tristes destinos.”
“¿Entonces ella es la princesa azul?”
Él sonrió y esta vez fue brillantemente, algo que usualmente no hacía. Hizo que Lucy se sonrojase solo un poco, y comprendí que a ella le gustaba Doyle. No podía culparla. “Si, detective, ella es nuestra princesa azul.”
Frost tomó una de mis manos en las suyas, y me miró con todo en sus ojos. “Ella lo es.”
“Entonces más bien esperaré a que el príncipe me encuentre, ¿necesito buscar a alguien al que salvar y llevar a casa?”
“Eso funcionó para mi,” dije.
Ella agitó su cabeza. “Salvo a personas todos los días, o lo intento, Merry. Solo una vez me gustaría ser salvada por alguien.”
Agité mi cabeza. “Yo he sido ambas, Lucy. Confía en mí, es mejor ser el que rescate.”
“Si tú lo dices. Tengo que ir a ver si Robert sabe dónde encontrar a nuestra pequeña amiga.” Nos despidió con su mano y se encaminó hacia el gentío.
Dos oficiales uniformados aparecieron como si ella les hubiera dicho que se acercaran cuando ella nos dejara, probablemente lo hizo. Eran nuestros viejos amigos Wright y O’ Brian. “Suponemos que debemos vigilar que lleguen seguros al coche,” dijo Wright.
“Pues vamos,” dije.
Empezamos nuestro viaje de vuelta por el camino que habíamos venido, a través del bombardeo de nuevos flashes de cámaras de más y más paparazis y reporteros.
martes, 29 de junio de 2010
Capítulo 11
Doyle usó su más que humana rapidez para cogerme y llevarnos dentro de la tienda más cercana. Frost cerró la puerta detrás de nosotros. Un hombre protestó, “hey, este es mi negocio.”
Doyle puso mis pies en el suelo del pequeño negocio familiar, una charcutería. El hombre detrás del mostrador estaba quedándose calvo, y rodeado por un delantal blanco. La tienda entera hacia juego con él, anticuada, con piezas de carne, quesos y trozos grasosos de algo en pequeños contenedores. No pensé como había podido sobrevivir en L.A., tierra de la obsesión por la salud.
Luego vi la pequeña fila de clientes que estaba hecha casi por completo por hadas. Había un hombre entrado en años que parecía enteramente humano, pero la baja mujer detrás de él era pequeña y regordeta, con el pelo rojo muy rizado y ojos como los de un halcón, literalmente. Eran amarillos, con las pupilas expandiéndose y contrayéndose como intentando conseguir la mejor vista hacia mí. Un pequeño niño de unos cuatro años se agarró a su falda, mirándonos son sus azules ojos y su pelo rubio blanco, corte moderno; pantalones cortos y bien arreglado. La última persona en la fila tenía un multicoloreado mohawk (corte de pelo) con una larga cola de pelo colgando por sus espalda. El vestía una camiseta blanca con el logo de una banda en ella, pero sus pantalones y su chaleco eran de cuero negro. El estaba agujereado, y estaba atento a la fila, pero luego llegamos nosotros.
Ellos nos miraban fijamente, yo los miraba fijamente de vuelta. El mirar fijamente no estaba considerado grosero entre nosotros.
La mayoría de las hadas no tienen el colesterol alto o alto el azúcar en sangre o cualquiera de las miles de enfermedades que podrían matar a un humano comiendo carnes con sal y conservantes. Los inmortales realmente no tenían ataques al corazón. Tuve un repentino antojo de rosbif.
La puerta se sacudió ruidosamente detrás nuestra. Uno de los reporteros estaba traqueteando la puerta furiosamente, gritándonos para que la abriésemos, diciendo que esta era un área pública. Que no teníamos ningún derecho de hacer esto.
Las cámaras se daban empellones en el cristal convirtiendo la luz diurna en un brillo de flashes. Me giré, protegiendo mis ojos. Aparentemente, me dejé las gafas de sol en el área de descanso de Fael.
El delgado hombre con su mohawk, quien probablemente estaría rondando la adolescencia, vino delante. El hizo una brusca reverencia. “Princesa Meredith, ¿puedo conseguirle un asiento?” Lo miré a su delgada cara verde pálida. Había algo sobre su cara que simplemente no era humano. No podía poner mi dedo en ella, pero la estructura ósea era pequeña para un humano. El parecía un pixie metido en la talla de un humano pequeño con algunas mezclas de genética. Sus orejas puntiagudas tenían casi tantos aros como las de Doyle. Pero los aros de los lóbulos llevaban plumas multicolores que cepillaban sus hombres como un vestido de piel.
“Eso sería encantador,” le dije.
El cogió una de las péquelas sillas y la sujetó para mí. Me hundí en ella agradecidamente. De pronto estaba muy cansada. ¿Era por estar embarazada, o era por este día?
Doyle fue hacia el dueño de la tienda. “¿A dónde sale la puerta trasera?” no era allí donde queríamos ir, pero donde si no.
Una mujer habló mientras ella salía desde la parte de atrás. “No conseguiréis llegar atrás, estoy asustada Princesa y Príncipes. Tengo que atrancar la puerta para mantener a la prensa acosadora fuera de vosotros.”
A primera vista ella cuadraba con su marido, todo suaves pliegues y acogedoras redondeces, humana, luego comprendí que ella se había hecho la misma clase de cirugía que Robert, aunque ella solo se había hecho para pasar por humana, no intentando hacerse preciosa. Guapa había sido suficiente para ella, y cuando pasó el mostrador y me miró con esos ojos marrones, me recordó tanto a mi abuela que hizo que mi pecho y mi garganta se apretaran. No iba a llorar, demonios.
Ella se arrodilló en frente de mí poniendo sus manos encima de las mias. Sus manos estaban frescas al toque como si hubiera estado trabajando con algo frío allí detrás.
Su marido dijo, “levántate, Matilda. Ellos están tomando fotos.”
“Déjalos,” dijo ella por encima de su hombro. Miró por encima de mí con esos ojos que imitaban a los de Gran. “Soy prima de Maggie Mae cocinera de la corte de la Oscuridad.”
Me tomó un momento darme cuenta lo que estaba dando a entender. Una vez supe que no tenía parientes en el exilio del mundo de las hadas. No tenía conocimiento de que pudiera haber otros parientes aquí quienes no fueran sidhe. Sonreí. “Luego tu eres prima de mi Gran.”
Ella asintió. “Sí,” y había un denso acento en esa única palabra como para caminar sobre él. “Si es un brownie de Escocia quien viene al nuevo mundo, desde luego somos primos. Robert está por aquí, pero él es galés, por lo tanto no está emparentado conmigo.”
“Con nosotras.” Dije.
Ella me dio una brillante sonrisa en donde brillaron unos dientes tan blancos solo posible por un dentista. “¿entonces me trataras como familia?”
Asentí. “Claro,” le dije. La tensión, que no me había dado cuenta que había, se fue, como si hasta ese momento ellos hubieran estado nerviosos, o quizás asustados.
“A la mayoría de la aristocracia le gusta pretender que no tienen más que sangre pura de sidhe en sus venas,” dijo ella.
“El no lo finge,” el pixie punki dijo. El asintió hacia Doyle. “Bonitos pendientes. ¿Tienes algo mas agujereado?”
“Sí,” dijo Doyle.
El chico sonrió, haciendo que los aros en los agujeros de su nariz y los de la curva de su labio superior se curvaran alegremente. “Yo también” dijo.
Matilda palmeó mis manos. “Pareces pálida. ¿Estás teniendo hambre de embarazada o estás muerta de hambre?”
Fruncí el ceño por su forma de expresarse. “No te entiendo.”
“Algunas mujeres tienen hambre todo el tiempo otras no quieren ni ver la comida cuando están en cinta.”
Aligeré el fruncido y dije, “estoy famélica por un rosbif. Proteínas.”
De nuevo ella se iluminó con una brillante sonrisa. “Eso lo tenemos.” Ella llamó sobre su hombro al hombre. “Harvey, consigue un rosbif para la Princesa.”
El empezó a protestar sobre los fotógrafos, pero ella se giró y le dio tal mirada que él se giró e hizo justo lo que había dicho que hiciese. Pero aparentemente él no lo estaba haciendo lo suficientemente rápido, ya que ella palmeó mi mano de nuevo y se levantó para supervisarlo, o ayudarlo.
Todos nosotros estábamos pretendiendo que no se estaba formando un gentío de gente presionando contra las ventanas y la puerta. Mantuve mi espalda hacia los flashes que atravesaban el cristal, deseando tener mis gafas de sol. El hombre que parecía joven, ya que probablemente era mayor que yo por un siglo, se acercó a Doyle y a Frost. “¿estás escondiendo tus orejas puntiagudas?”
Le tomó a Frost un momento darse cuenta de que era el al que había preguntado. “No,” dijo él.
El muchacho le miró. “¿Así que eres un sidhe tan puro como pareces?”
“No,” dijo Frost.
“No conozco nada que se parezca a ti.” Dijo el chico
“Soy un sidhe más impuro que Doyle.”
Me giré en la silla y dije, “o yo.”
El chico nos miró uno a uno. El estaba sonriendo, y contento.
Un carraspeo hizo que me girara para ver la mujer con su niño muy humano. La mujer cayó al suelo balanceándose en una reverencia, parpadeando con sus ojos de halcón hacia mí. El niño con ella empezó a hacer lo mismo, pero ella lo cogió del brazo.
“No, no, Félix, ella es una princesa de las hadas, no una humana. Tú no tienes que inclinarte hacia ella.”
El niño frunció el cejo, intentando comprender.
“Soy su niñera,” dijo ella, como si necesitase explicarlo. “Las niñeras feéricas se han vuelto muy populares aquí.”
“No lo sabía”, dije.
Ella sonrió brillantemente. “Nunca dejaría a Félix. He estado con él desde que tenía 3 meses, pero puedo recomendarte unas cuantas si están libres o deseando de estarlo.”
No había pensado en nada de eso, pero… “¿Tienes una tarjeta de presentación?” le pregunté.
Ella me sonrió y cogió una de su bolso. La puso en la mesa y escribió algo en ella. “Este es el número de teléfono de mi casa así no tendrás que ir a la agencia. Ellos no comprenderán que necesitas diferentes cosas que la mayoría de los clientes.”
Cogí la tarjeta y la puse en el pequeño reloj de pulsera ya que era todo lo que llevaba conmigo. Nos estábamos dirigiendo a la playa; quería mi identificación y no mucho más.
Matilda me trajo un pequeño plato con un rosbif doblado habilidosamente. “Iba a ponerte algo más con el pero cuando una señorita está esperando nunca sabes que añadir.”
Le sonreí. “Es perfecto gra-lo siento.”
“Oh, no te preocupes. He estado entre humanos por siglos. Toma más que un gracias para derribar a un brownie, ¿eh Harvey?” Ella ser rio de su propio chiste. Harvey desde detrás del mostrador nos miraba avergonzado y a la vez satisfecho.
El rosbif estaba tierno, era en lo cierto raro, pero exactamente como lo quería. Incluso el pequeño toque de sal era perfecto. Había notado de los antojos que si era sobre comida sabían maravillosos. Me preguntaba si esto era típico.
Matilda se sentó en una silla, y la niñera, quien se llamaba Agnes, hizo lo mismo. No parecía como si cualquiera de nosotros pudiera salir. Estábamos cercados por la prensa. De hecho, los reporteros y paparazis estaban aplastándose contra las ventanas y la puerta. Ellos estaban empezando a intentar empujarla, pero había demasiado peso detrás de ella.
Doyle y Frost permanecían en posición, echándoles un ojo a la gente de fuera. El muchacho estaba con ellos. Obviamente disfrutando de ser uno de los chicos, y estaba mostrando el tatuaje de su hombro a Doyle y Frost.
Matilda le había dicho a Harvey que pusiera el café. Me sobresalté al darme cuenta que esta era la primera vez en semanas que me sentaba con otras mujeres y no me sentía como una princesa, o un detective, o estando custodiada por cualquiera con quien estuviera tratando. Habíamos traído mujeres sidhe con nosotros fuera del mundo de las hadas, pero todas ellas habían sido parte de la guardia del príncipe. Ellas estuvieron siglos sirviendo a mi padre, el Príncipe Essus, y él había sido afectuoso, pero no en exceso; él había sido cuidadoso con los límites, mientras la reina, su hermana, había sido indiferente. Ella había tratado a su guardia como su harem y sus juguetes para atormentar, él había tratado a su guardia con respeto. Él había tenido amantes entre ellas, pero el sexo entre hadas no era menospreciativo. Era solo normal.
Las guardias femeninas darían sus vidas para salvarme, pero ellas protegían a un príncipe, y no había más príncipes en la Corte de la Oscuridad dentro ni fuera del mundo de las hadas. Maté al último de ellos antes de que él me matara a mí. Los guardias no estuvieron de luto por su príncipe perdido. Él había sido un sádico sexual como su madre. Una de las cosas por la que nos habíamos dirigido a escondernos tan lejos de los medios de comunicación era por la cantidad de guardias, tanto masculinos como femeninos, que habían sido traumatizados con torturas de las cuales habían sobrevivido.
Algunos de ellos querían que Doyle, o Frost, o alguno de los otros padres fuera nombrado príncipe así ellas podrían ser su guardia. Tradicionalmente, embarazándome el padre sería príncipe y el futuro rey, o al menos el consorte real. Pero con tantos padres, no había precedente para hacerlos a todos príncipes.
Me senté con las mujeres y solo las escuchaba hablar sobre cosas normales, y me di cuenta que sentándome en la cocina de mi Gran o en la cocina con Maggie Mae había estado tan cercano a lo normal como nunca lo hubiera imaginado.
Por tercera vez en el día sentí lágrimas detrás de mis ojos, en mi garganta. Este era el camino cada vez que pensaba en Gran. Solo hacía un mes desde su muerte. Suponía que tenía derecho. Matilda dijo, “¿Estás bien Princesa?”
“Merry,” dije. “Llámame Merry.”
Esto ganó otra de sus brillantes sonrisas. Luego hubo un sonido detrás nuestra.
Todo nos giramos para ver el cristal empezar a desquebrajarse bajo el apabullante peso de los reporteros contra el.
Doyle y Frost vinieron a mi lado. Ellos me pusieron en pie, y corrimos hacia el mostrador, hacia la parte trasera. Agnes cogió al pequeño niño y corrimos para cubrirnos. Oímos gritos, y el cristal cedió con un fuerte resquebrajamiento.
Doyle puso mis pies en el suelo del pequeño negocio familiar, una charcutería. El hombre detrás del mostrador estaba quedándose calvo, y rodeado por un delantal blanco. La tienda entera hacia juego con él, anticuada, con piezas de carne, quesos y trozos grasosos de algo en pequeños contenedores. No pensé como había podido sobrevivir en L.A., tierra de la obsesión por la salud.
Luego vi la pequeña fila de clientes que estaba hecha casi por completo por hadas. Había un hombre entrado en años que parecía enteramente humano, pero la baja mujer detrás de él era pequeña y regordeta, con el pelo rojo muy rizado y ojos como los de un halcón, literalmente. Eran amarillos, con las pupilas expandiéndose y contrayéndose como intentando conseguir la mejor vista hacia mí. Un pequeño niño de unos cuatro años se agarró a su falda, mirándonos son sus azules ojos y su pelo rubio blanco, corte moderno; pantalones cortos y bien arreglado. La última persona en la fila tenía un multicoloreado mohawk (corte de pelo) con una larga cola de pelo colgando por sus espalda. El vestía una camiseta blanca con el logo de una banda en ella, pero sus pantalones y su chaleco eran de cuero negro. El estaba agujereado, y estaba atento a la fila, pero luego llegamos nosotros.
Ellos nos miraban fijamente, yo los miraba fijamente de vuelta. El mirar fijamente no estaba considerado grosero entre nosotros.
La mayoría de las hadas no tienen el colesterol alto o alto el azúcar en sangre o cualquiera de las miles de enfermedades que podrían matar a un humano comiendo carnes con sal y conservantes. Los inmortales realmente no tenían ataques al corazón. Tuve un repentino antojo de rosbif.
La puerta se sacudió ruidosamente detrás nuestra. Uno de los reporteros estaba traqueteando la puerta furiosamente, gritándonos para que la abriésemos, diciendo que esta era un área pública. Que no teníamos ningún derecho de hacer esto.
Las cámaras se daban empellones en el cristal convirtiendo la luz diurna en un brillo de flashes. Me giré, protegiendo mis ojos. Aparentemente, me dejé las gafas de sol en el área de descanso de Fael.
El delgado hombre con su mohawk, quien probablemente estaría rondando la adolescencia, vino delante. El hizo una brusca reverencia. “Princesa Meredith, ¿puedo conseguirle un asiento?” Lo miré a su delgada cara verde pálida. Había algo sobre su cara que simplemente no era humano. No podía poner mi dedo en ella, pero la estructura ósea era pequeña para un humano. El parecía un pixie metido en la talla de un humano pequeño con algunas mezclas de genética. Sus orejas puntiagudas tenían casi tantos aros como las de Doyle. Pero los aros de los lóbulos llevaban plumas multicolores que cepillaban sus hombres como un vestido de piel.
“Eso sería encantador,” le dije.
El cogió una de las péquelas sillas y la sujetó para mí. Me hundí en ella agradecidamente. De pronto estaba muy cansada. ¿Era por estar embarazada, o era por este día?
Doyle fue hacia el dueño de la tienda. “¿A dónde sale la puerta trasera?” no era allí donde queríamos ir, pero donde si no.
Una mujer habló mientras ella salía desde la parte de atrás. “No conseguiréis llegar atrás, estoy asustada Princesa y Príncipes. Tengo que atrancar la puerta para mantener a la prensa acosadora fuera de vosotros.”
A primera vista ella cuadraba con su marido, todo suaves pliegues y acogedoras redondeces, humana, luego comprendí que ella se había hecho la misma clase de cirugía que Robert, aunque ella solo se había hecho para pasar por humana, no intentando hacerse preciosa. Guapa había sido suficiente para ella, y cuando pasó el mostrador y me miró con esos ojos marrones, me recordó tanto a mi abuela que hizo que mi pecho y mi garganta se apretaran. No iba a llorar, demonios.
Ella se arrodilló en frente de mí poniendo sus manos encima de las mias. Sus manos estaban frescas al toque como si hubiera estado trabajando con algo frío allí detrás.
Su marido dijo, “levántate, Matilda. Ellos están tomando fotos.”
“Déjalos,” dijo ella por encima de su hombro. Miró por encima de mí con esos ojos que imitaban a los de Gran. “Soy prima de Maggie Mae cocinera de la corte de la Oscuridad.”
Me tomó un momento darme cuenta lo que estaba dando a entender. Una vez supe que no tenía parientes en el exilio del mundo de las hadas. No tenía conocimiento de que pudiera haber otros parientes aquí quienes no fueran sidhe. Sonreí. “Luego tu eres prima de mi Gran.”
Ella asintió. “Sí,” y había un denso acento en esa única palabra como para caminar sobre él. “Si es un brownie de Escocia quien viene al nuevo mundo, desde luego somos primos. Robert está por aquí, pero él es galés, por lo tanto no está emparentado conmigo.”
“Con nosotras.” Dije.
Ella me dio una brillante sonrisa en donde brillaron unos dientes tan blancos solo posible por un dentista. “¿entonces me trataras como familia?”
Asentí. “Claro,” le dije. La tensión, que no me había dado cuenta que había, se fue, como si hasta ese momento ellos hubieran estado nerviosos, o quizás asustados.
“A la mayoría de la aristocracia le gusta pretender que no tienen más que sangre pura de sidhe en sus venas,” dijo ella.
“El no lo finge,” el pixie punki dijo. El asintió hacia Doyle. “Bonitos pendientes. ¿Tienes algo mas agujereado?”
“Sí,” dijo Doyle.
El chico sonrió, haciendo que los aros en los agujeros de su nariz y los de la curva de su labio superior se curvaran alegremente. “Yo también” dijo.
Matilda palmeó mis manos. “Pareces pálida. ¿Estás teniendo hambre de embarazada o estás muerta de hambre?”
Fruncí el ceño por su forma de expresarse. “No te entiendo.”
“Algunas mujeres tienen hambre todo el tiempo otras no quieren ni ver la comida cuando están en cinta.”
Aligeré el fruncido y dije, “estoy famélica por un rosbif. Proteínas.”
De nuevo ella se iluminó con una brillante sonrisa. “Eso lo tenemos.” Ella llamó sobre su hombro al hombre. “Harvey, consigue un rosbif para la Princesa.”
El empezó a protestar sobre los fotógrafos, pero ella se giró y le dio tal mirada que él se giró e hizo justo lo que había dicho que hiciese. Pero aparentemente él no lo estaba haciendo lo suficientemente rápido, ya que ella palmeó mi mano de nuevo y se levantó para supervisarlo, o ayudarlo.
Todos nosotros estábamos pretendiendo que no se estaba formando un gentío de gente presionando contra las ventanas y la puerta. Mantuve mi espalda hacia los flashes que atravesaban el cristal, deseando tener mis gafas de sol. El hombre que parecía joven, ya que probablemente era mayor que yo por un siglo, se acercó a Doyle y a Frost. “¿estás escondiendo tus orejas puntiagudas?”
Le tomó a Frost un momento darse cuenta de que era el al que había preguntado. “No,” dijo él.
El muchacho le miró. “¿Así que eres un sidhe tan puro como pareces?”
“No,” dijo Frost.
“No conozco nada que se parezca a ti.” Dijo el chico
“Soy un sidhe más impuro que Doyle.”
Me giré en la silla y dije, “o yo.”
El chico nos miró uno a uno. El estaba sonriendo, y contento.
Un carraspeo hizo que me girara para ver la mujer con su niño muy humano. La mujer cayó al suelo balanceándose en una reverencia, parpadeando con sus ojos de halcón hacia mí. El niño con ella empezó a hacer lo mismo, pero ella lo cogió del brazo.
“No, no, Félix, ella es una princesa de las hadas, no una humana. Tú no tienes que inclinarte hacia ella.”
El niño frunció el cejo, intentando comprender.
“Soy su niñera,” dijo ella, como si necesitase explicarlo. “Las niñeras feéricas se han vuelto muy populares aquí.”
“No lo sabía”, dije.
Ella sonrió brillantemente. “Nunca dejaría a Félix. He estado con él desde que tenía 3 meses, pero puedo recomendarte unas cuantas si están libres o deseando de estarlo.”
No había pensado en nada de eso, pero… “¿Tienes una tarjeta de presentación?” le pregunté.
Ella me sonrió y cogió una de su bolso. La puso en la mesa y escribió algo en ella. “Este es el número de teléfono de mi casa así no tendrás que ir a la agencia. Ellos no comprenderán que necesitas diferentes cosas que la mayoría de los clientes.”
Cogí la tarjeta y la puse en el pequeño reloj de pulsera ya que era todo lo que llevaba conmigo. Nos estábamos dirigiendo a la playa; quería mi identificación y no mucho más.
Matilda me trajo un pequeño plato con un rosbif doblado habilidosamente. “Iba a ponerte algo más con el pero cuando una señorita está esperando nunca sabes que añadir.”
Le sonreí. “Es perfecto gra-lo siento.”
“Oh, no te preocupes. He estado entre humanos por siglos. Toma más que un gracias para derribar a un brownie, ¿eh Harvey?” Ella ser rio de su propio chiste. Harvey desde detrás del mostrador nos miraba avergonzado y a la vez satisfecho.
El rosbif estaba tierno, era en lo cierto raro, pero exactamente como lo quería. Incluso el pequeño toque de sal era perfecto. Había notado de los antojos que si era sobre comida sabían maravillosos. Me preguntaba si esto era típico.
Matilda se sentó en una silla, y la niñera, quien se llamaba Agnes, hizo lo mismo. No parecía como si cualquiera de nosotros pudiera salir. Estábamos cercados por la prensa. De hecho, los reporteros y paparazis estaban aplastándose contra las ventanas y la puerta. Ellos estaban empezando a intentar empujarla, pero había demasiado peso detrás de ella.
Doyle y Frost permanecían en posición, echándoles un ojo a la gente de fuera. El muchacho estaba con ellos. Obviamente disfrutando de ser uno de los chicos, y estaba mostrando el tatuaje de su hombro a Doyle y Frost.
Matilda le había dicho a Harvey que pusiera el café. Me sobresalté al darme cuenta que esta era la primera vez en semanas que me sentaba con otras mujeres y no me sentía como una princesa, o un detective, o estando custodiada por cualquiera con quien estuviera tratando. Habíamos traído mujeres sidhe con nosotros fuera del mundo de las hadas, pero todas ellas habían sido parte de la guardia del príncipe. Ellas estuvieron siglos sirviendo a mi padre, el Príncipe Essus, y él había sido afectuoso, pero no en exceso; él había sido cuidadoso con los límites, mientras la reina, su hermana, había sido indiferente. Ella había tratado a su guardia como su harem y sus juguetes para atormentar, él había tratado a su guardia con respeto. Él había tenido amantes entre ellas, pero el sexo entre hadas no era menospreciativo. Era solo normal.
Las guardias femeninas darían sus vidas para salvarme, pero ellas protegían a un príncipe, y no había más príncipes en la Corte de la Oscuridad dentro ni fuera del mundo de las hadas. Maté al último de ellos antes de que él me matara a mí. Los guardias no estuvieron de luto por su príncipe perdido. Él había sido un sádico sexual como su madre. Una de las cosas por la que nos habíamos dirigido a escondernos tan lejos de los medios de comunicación era por la cantidad de guardias, tanto masculinos como femeninos, que habían sido traumatizados con torturas de las cuales habían sobrevivido.
Algunos de ellos querían que Doyle, o Frost, o alguno de los otros padres fuera nombrado príncipe así ellas podrían ser su guardia. Tradicionalmente, embarazándome el padre sería príncipe y el futuro rey, o al menos el consorte real. Pero con tantos padres, no había precedente para hacerlos a todos príncipes.
Me senté con las mujeres y solo las escuchaba hablar sobre cosas normales, y me di cuenta que sentándome en la cocina de mi Gran o en la cocina con Maggie Mae había estado tan cercano a lo normal como nunca lo hubiera imaginado.
Por tercera vez en el día sentí lágrimas detrás de mis ojos, en mi garganta. Este era el camino cada vez que pensaba en Gran. Solo hacía un mes desde su muerte. Suponía que tenía derecho. Matilda dijo, “¿Estás bien Princesa?”
“Merry,” dije. “Llámame Merry.”
Esto ganó otra de sus brillantes sonrisas. Luego hubo un sonido detrás nuestra.
Todo nos giramos para ver el cristal empezar a desquebrajarse bajo el apabullante peso de los reporteros contra el.
Doyle y Frost vinieron a mi lado. Ellos me pusieron en pie, y corrimos hacia el mostrador, hacia la parte trasera. Agnes cogió al pequeño niño y corrimos para cubrirnos. Oímos gritos, y el cristal cedió con un fuerte resquebrajamiento.
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