domingo, 6 de junio de 2010

Capítulo 1

Este 1º capítulo está traducido por

Traducido por: Soñando ( http : / / elegir - fantasia - o - realidad . blogspot . com / )

CAPÍTULO UNO

El olor de los eucaliptos siempre me hacía pensar en el sur de California, mi casa lejos del hogar; que ahora podía estar manchada para siempre con el olor de la sangre. Permanecí de pie allí con el extrañamente cálido viento que susurraba a través de las hojas que estaban en las alturas. Yo llevaba mi vestido de verano enredado entre mis piernas, y extendí mi pelo, que me llegaba a los hombros, en una maraña roja escarlata a través de mi cara. Recogí mi pelo a puñados para poder ver, aunque quizás no ser capaz de ver hubiera sido mejor. Los guantes de plástico tiraron de mi pelo. Se habían diseñado de esa forma para que yo no contaminara las pruebas, no para que fueran cómodos. Nosotros estábamos rodeados por el cercano círculo perfecto de los altos y pálidos troncos de los árboles. En medio de ese círculo natural estaban los cuerpos.

El picante olor de los eucaliptos casi podía ocultar el olor de la sangre. Si hubieran habido muchos cuerpos de un tamaño de un humano adulto los Eucaliptos no habrían tenido ninguna oportunidad de conseguirlo, pero no eran de tamaño adulto. Eran pequeños bajo estándares humanos, tan diminutos como del tamaño de muñecas; ninguno de los cuerpos llegaban incluso a un pie (aprox. 30,4 cm) de altos, y algunos eran de menos de cinco pulgadas (12,7 cm). Yacían en el suelo con sus brillantes alas de mariposa nocturna congeladas como a la mitad de un movimiento. Sus dedos muertos estaban envueltos alrededor de marchitas flores, como en un alegre juego que hubiera terminado horriblemente mal. ¡Se parecían tanto a unas muñecas de Barbie rotas!, sólo que las muñecas de Barbie nunca habían parecido tan realistas, o habían posado de forma tan perfecta. No importa cómo de fuerte yo intentara ser como una niña pequeña, sus miembros permanecieron tiesos e inflexibles. Los cuerpos del suelo aún estaban tiesos con el rigor mortis, pero habían sido tendidos con cuidado, así que se habían quedado rígidos en unas posturas extrañas, llenas de gracia, casi como si estuvieran bailando.

La detective Lucy Tate vino para ponerse a mi lado. Llevaba un traje pantalón completo, con una chaqueta y una camisa de botones que se estiraba un poco en la pechera porque Lucy, al igual que yo, tenía demasiado pecho para la mayoría de las camisas de botones. Pero yo no era una inspector de policía, así que no tenía que pretender que era un hombre y tratar de que la ropa me quedara perfecta. Yo trabajaba en una agencia de detectives privada que utilizaba el hecho de que yo era la Princesa Meredith, la única hada de la realeza nacida en América, y que volvía a trabajar en la Agencia de Detectives Grey: Problemas Sobrenaturales; Soluciones Mágicas. A la gente le encantaba pagar dinero para ver a la princesa, y tenerla para que escuchara sus problemas; yo había empezado a sentirme un poco como si fuera un espectáculo para gente rara, hasta hoy. Hoy me habría encantado estar otra vez sentada en la oficina escuchando algún asunto banal que realmente no necesita mi tipo especial de ayuda, pero sólo había un humano lo suficientemente rico como para pagarme por mi tiempo. Yo más bien tendría que haber estado haciendo un montón de cosas más que quedarme aquí mirando fijamente a una docena de duendes muertos.

“¿Qué piensas?” me preguntó ella.

Lo que realmente estaba pensado era que estaba contenta de que los cuerpos fueran pequeños y que así los árboles ocultaran la mayor parte del olor, pero habría admitido mi debilidad, y tú no haces eso en las raras ocasiones en las que tienes que trabajar con la policía. Tienes que ser fuerte y profesional o ellos piensan lo peor de ti, incluso las mujeres policías. O quizá ellas en especial.

“Los han preparado como si fueran algo sacado de los cuentos infantiles, con posturas de baile y flores en las manos.”

Lucy asintió con la cabeza. “No es sólo lo que parece, sino lo que es.”

“¿Que es qué?” Le pregunté, mirándola. Su pelo moreno oscuro era más corto que el mío, y estaba sujeto hacia atrás por una gruesa cinta, por lo que nada oscurecía su visión, no como a mí, que aún estaba luchando contra mi propio pelo. Ella parecía serena y profesional.

Ella utilizaba una mano enguantada para sostener una página envuelta en plástico. Lo mantuvo lejos de mí, aunque yo sabía que no me iba a dejar tocarlo incluso con los guantes puestos. Yo era un civil, y tenía que ser muy consciente de ello mientras caminaba por entre toda la policía que estaba en medio del centro de toda esta actividad. La policía nunca le tenía mucho cariño a un detective privado, no importaba lo que hayáis visto en televisión, y yo no era incluso humana. Por supuesto, si hubiera sido humana ellos no me habrían llamado a la escena del crimen en primer lugar. Estaba allí porque era un detective con entrenamiento y una princesa de las hadas. Una cosa sin la otra no me habría hecho pasar por debajo del cordón policial.

Miré fijamente la página. El viento trataba de arrebatársela de su mano, y ella usaba ambas manos para mantenerlo quieto para mí. Era una ilustración de un cuento infantil. Había unas hadas bailando con flores en las manos. Lo miré durante un segundo más, y entonces bajé la vista a los cuerpos tendidos en el suelo. Me forcé a mí misma a estudiar sus formas muertas, y entonces mirar a la ilustración.

“Son idénticos”, dije.

“Yo también lo creo. Tendremos que conseguir a alguna especie de experto en flores para que nos diga si coinciden flor por flor, a menos que nuestro asesino haya duplicado la escena”.

Miré fijamente a una y otra escena de nuevo, a esas caras felices que reían en el dibujo y a las muy quietas y muertas en el suelo. Su piel ya había empezado a cambiar de color, volviéndose de ese tono violeta-azulado de los muertos.

“Él, o ella, ha tenido que vestirlos” señalé. “No importa cuántas ilustraciones hayas visto con esos pequeños vestidos ablusados y con taparrabos, la mayoría de los semiduendes de fuera del reino de las hadas no se visten así. Yo los he visto en trajes con chaleco y trajes formales de etiqueta.”

“¿Estás segura de que no llevaban puesta esas ropas aquí?” me preguntó.

Sacudí mi cabeza. “No habrían combinado tan perfectamente sin haberlo planeado de esta forma.”

“Nosotros pensábamos que él los atrajo aquí con una promesa de un papel de interpretación, un cortometraje” dijo ella.

Pensé en ello, luego me encogí de hombros. “Tal vez, pero ellos habrían venido al círculo de todos modos.”

“¿Por qué?”

“Los semiduendes, los pequeños duendes alados, sienten un particular cariño hacia los círculos naturales.”

“Explícate”

“Las historias sólo les advierten a los humanos de que no pasen dentro de un anillo de hongos venenosos, o un anillo como el de ahora, donde bailan los duendes, pero puede tratarse de cualquier círculo natural. Flores, piedras, colinas, o árboles, como éste. Los duendes empiezan a bailar en el círculo.”

“¿Así que ellos empezaron aquí a bailar y él trajo las ropas?” Ella me miró con el ceño fruncido.

“Tú crees que esto funciona mejor si él los atrajo aquí para grabarlos” dije.

“Sí.”

“Puede ser cualquiera de las dos cosas, o él les estaba mirando,” dije, “por lo que supo que vinieron aquí en noches seguras para bailar.”

“Lo que significaría que él o ella estaba acechándolos” dijo Lucy.

“Sí.”

“Si voy detrás de la posibilidad de la película, puedo encontrar donde alquiló los trajes y el anuncio para los actores de su cortometraje.” Hizo unas comillas en el aire cuando dijo la palabra cortometraje.

“Si él es un acosador e hizo los vestidos, entonces tienes menos pistas que seguir.”

“No digas “él”. No sabes si el asesino es un hombre o una mujer.”

“Vale, tienes razón, y yo no. ¿Habéis asumido que el asesino no es humano?”

“¿Deberíamos haberlo hecho?” preguntó, con una voz neutral.

“No lo sé, pero no puedo imaginarme a un humano lo suficientemente fuerte o rápido como para atrapar a seis semiduendes y degollarlos antes de que los otros puedan escapar o atacarle.”

“¿Son tan delicados como parecen?” preguntó.

Yo casi sonreí, y entonces no me sentí lo suficiente alegre como para acabar la sonrisa. “No, detective, no lo son. Son mucho más fuertes de lo que parecen, e increíblemente rápidos.”

“¿Así que no buscamos a un humano?”

“No dije eso. Dije que físicamente un humano no podría hacer esto, pero hay algunas formas de magia que podrían ayudarle a hacerlo.”

“¿Qué tipo de magia?”

“No tengo una palabra en mente. No soy humana. No necesito palabras para usarlas contra otros duendes, pero sé que hay historias de magias que pueden hacernos débiles, capaces de ser capturados y heridos.”

“Sí, ¿pero no se supone que este tipo de duendes son inmortales?”

Miré fijamente a los pequeños cuerpos sin vida. Una vez la respuesta habría sido simplemente , pero yo había aprendido de algunos de los duendes menores de la Corte de la Oscuridad que algunos de ellos habían muerto al caerse de unas escaleras, y de otras causas mundanas. Su inmortalidad ya no era lo que solía ser, pero no lo habíamos hecho público a los humanos. Una de las cosas que nos había mantenido seguros era que los humanos pensaban que no podían herirnos fácilmente. ¿Habría algún humano descubierto la verdad y la habría explotado? ¿Se estaba extendiendo la mortalidad entre los duendes menores? ¿O habían sido inmortales y la magia les había robado la inmortalidad?

“Merry, ¿estás aquí?”

Cabeceé, y miré fijamente hacia ella, contenta de apartar la mirada de los cuerpos. “Lo siento, nunca me acostumbro a ver este tipo de cosas.”

“Oh, solías hacerlo” dijo, “pero desearía que no hubieras visto los suficientes cadáveres para estar hastiada.” Suspiró, como si ella deseara no estar tan hastiada tampoco.

“Me preguntaste si los semiduendes son inmortales, y la respuesta es sí.”

Eso era todo lo que podía decirle hasta que averiguara si la mortalidad de los duendes se estaba extendiendo. Hasta el momento sólo había habido unos pocos casos dentro del reino de las hadas.

“Entonces, ¿cómo pudo el asesino hacer esto?”

Yo sólo había visto a otro semiduende asesinado con una espada que no fuera de acero frío. Un noble de la Corte de la Oscuridad había visto uno. Un noble del reino de las hadas, y yo. Nosotros habíamos matado al que lo hizo, aunque él dijo que no había pretendido matarla. Que él sólo había querido herirla atravesándole el corazón, del mismo modo que el rechazo de ella le había herido su corazón. Ése último mordisco no había funcionado durante un largo espacio de tiempo incluso contra un sidhe, pero nosotros tampoco habíamos compartido esa información. Nadie quiere hablar sobre el hecho de que su gente esté perdiendo su magia y su poder.

¿Era el asesino un sidhe? De cualquier forma, yo no pensaba así. Ellos podrían haber matado a un duende menor en una momento de arrogancia o por un sentimiento de privilegio, pero el asesino se había tenido que sentir de una manera más complicada que eso, –había tenido que tener un motivo que únicamente él podía comprender.

Examiné atentamente mi propio razonamiento para estar segura de que yo no estaba convenciéndome a mí misma de los sospechosos eran de fuera de la Corte Oscura, del Trono de la Oscuridad. La corte a la que yo había sido ofrecida como gobernante y a la que renuncié por amor. Los tabloides todavía hablaban sobre este final de cuento de hadas, pero había muerto gente, algunos de ellos por mi mano, y, como en la mayoría de los cuentos de hadas, esto había sido más sobre sangre y ser sincero con uno mismo que sobre el amor. El amor sólo había sido la emoción que me había guiado hacia lo que yo realmente quería, y hacia quien yo realmente era. Supongo que hay peores emociones que por las que puedes guiarte.

“¿En qué estás pensando, Merry?”

“Me pregunto qué emoción le llevó al asesino a hacer esto, a querer hacer esto”

“¿Qué quieres decir?”

“Se necesita sentir algo parecido al amor para poner tanta atención en los detalles. ¿Le encanta este libro al asesino o le encantaban los pequeños duendes? ¿Odiaba este libro cuando era un niño? ¿Es este el indicio de algún horrible trauma que lo corrompió hasta llegar a hacer esto?”

“No empieces a analizar las cosas, Merry; tenemos gente a la que pagamos por hacer esto”

“Sólo hago lo que me enseñaste, Lucy. El asesinato es como cualquier habilidad; nunca se consigue un cuadro perfecto. Esto es perfecto.”

“El asesino probablemente pasó años fantaseando con esta escena, Merry. Ellos querían, necesitaban que fuera perfecta.”

“Pero nunca lo es. Eso es lo que dicen los asesinos en serie cuando la policía los interroga. Algunos de ellos prueban una y otra vez para hacer que la vida real encaje con su fantasía, pero nunca lo consiguen, y vuelven a matar otra y otra vez, para intentar hacerlo perfecto.”

Lucy me sonrió. “Sabes, esa es una de las cosas que más me gustan de ti”

“¿Qué?”

“Tú no sólo confías en la magia; realmente tratas de ser una buena detective.”

“¿No se supone que es lo que tengo que hacer?”

“Sip, pero te sorprendería cuántos psíquicos/médiums y brujos son magníficos con la magia pero pésimos con la parte detectivesca.”

“No, no me sorprendería, pero recuerda, yo no había tenido mucha magia hasta hace unos pocos meses.”

“Tienes razón, eres una persona que ha madurado tardíamente.” Y sonrió de nuevo. Una vez yo había pensado que era raro que la policía pudiera sonreír al lado de un cadáver, pero yo había aprendido que cualquiera aligera su carga, porque o lo haces o te trasladas fuera de homicidios, o mejor aún, te sales de la policía.

“Ya lo hemos comprobado, Merry. No hay otros homicidios que incluso se parezcan a éste. No más semiduendes matados en grupos. No más trajes. No más ilustraciones de un libro dejadas en la escena. Éste es el único de su tipo”

“Quizá lo sea, pero tú me ayudaste enseñándome que los asesinos no empiezan siendo tan buenos. Quizá ellos sólo lo planearon perfectamente y tuvieron la suerte de que les salió perfecto, o quizás hubo otras muertes que no fueron tan bien hechas, –intenté alejar este pensamiento– , pero sería una puesta en escena, y tendría que tener un ambiente sentirse así.”

“¿Qué tipo de ambiente?” preguntó ella.

“Tú piensas en una película no sólo porque eso te daría más pistas, sino porque hay algo dramático en todo esto. El escenario, la elección de las víctimas, la visualización, la ilustración del libro; es vistoso.”

Ella asintió con la cabeza. “Exactamente” dijo.

El viento jugaba con mi vestido púrpura hasta que lo agarré para impedirle que ondeara y destelleara hacia el cordón policial de detrás de nosotras.

“Siento hacerte soportar algo como esto en sábado, Merry”, dijo ella. “Traté de llamar a Jeremy.”

“Él tiene una nueva novia y ha apagado su teléfono móvil.” No le iba a tener envidia a mi jefe por la primera medio-seria amante que había tenido en años. No en realidad.

“Parece que habías planeado un picnic”

“Algo así” dije, “pero esto no hizo que tu sábado fuera bueno, tampoco.”

Ella sonrió con pesar. “No tenía planes.” Levantó un pulgar en dirección hacia los otros policías. “Tus novios están enfadados conmigo por hacerte mirar cadáveres mientras estás embarazada.”

Mis manos automáticamente fueron a mi estómago, que estaba todavía muy plano. Todavía no se apreciaba nada, aunque con gemelos el doctor me había advertido que podía ir desde no notarse nada a notarse un montón casi de la noche a la mañana.

Eché un vistazo atrás para ver a Doyle y a Frost, que estaban con los policías. Mis dos hombres no eran más altos que algunos de ellos, –seis pies (aprox. 1 m. y 83 cm.) y algunas pulgadas (una pulgada = 2,54 cm.) no es tan inusual– pero el resto se destaca terriblemente. A Doyle le habían llamado la Oscuridad de la Reina durante mil años, y él encajaba con su nombre: era negro desde la piel hasta el pelo y los ojos, que estaban ocultados detrás de unas gafas de sol también negras. Su pelo estaba recogido en una tirante trenza detrás de su espalda. Sólo los pendientes plateados que subían por su lóbulo hacia sus orejas en punta aliviaban el negro-sobre-negro de sus pantalones vaqueros, su camiseta, y su chaqueta de cuero. Esto último era para esconder las armas que llevaba. Él era el capitán de mis guardias, y también uno de los padres de mis niños no-nacidos, y uno de mis más queridos amantes. Mi otro amor más querido estaba detrás de él como un pálido negativo, su piel tan blanca como la mía, pero el pelo de Frost era ahora plateado, como una cinta brillante de un árbol de Navidad brillando a la luz del sol. El viento jugaba con su pelo, por lo que flotaba en una brillante ola, pareciéndose a un modelo con una máquina de viento, pero incluso aunque su pelo le llegaba casi hasta las rodillas y estaba suelto, no se enredaba con el viento. Le había preguntado sobre eso, y él simplemente había dicho: “Al aire le gusta mi pelo”. Yo no había sabido qué decir, así que no le había respondido nada.

Sus gafas de sol estaban hechas de plomo gris con lentes grises oscuras para esconder el pálido gris de sus ojos, la parte más normal de él, en realidad. Le favorecían los trajes de diseño, pero llevaba de hecho uno de los pocos pares de vaqueros azules suyos propios que tenía, con una camiseta y una americana para ocultar sus armas, todas grises. Nosotros habíamos planeado en realidad una salida a la playa, o nunca habría conseguido que Frost se quitara los pantalones de sport y se pusiera unos vaqueros. Sus cara podía haber sido la más tradicionalmente guapa, pero eso no era suficiente. Ellos habían sido así durante siglos, mutuamente luz y oscuridad que se complementaban.

Los policías en sus uniformes, trajes, y más ropas casuales parecían como sombras no tan fuertes, no tan vivas como mis dos hombres, pero cualquiera que esté enamorado pensaría lo mismo. Quizás no es que fueran inmortales guerreros sidhe sino el simple amor lo que les hacía destacarse para mí.

Lucy me había llevado a través del cordón policial porque yo ya había trabajado antes con la policía, y de hecho estaba autorizada en este estado como detective privada. Doyle y Frost no lo estaban, y nunca antes habían trabajado con la policía en un caso, así que tenían que permanecer detrás del cordón lejos de las pistas en potencia.

“Si me entero de algo seguro que parece guardar relación con este tipo de magia, te lo haré saber.” Eso no era una mentira, no en la manera en la que la había formulado. Las hadas, y en especial los sidhe, se les conocía porque nunca mentían, pero te engañaríamos hasta que pensaras que el cielo es verde y la hierba, azul. No te diríamos que el cielo es verde y la hierba azul, pero te dejaríamos con esa segura impresión.

“Crees que habrá un asesinato más tarde.” dijo ella.

“Si no es así, este chico, o chica, tiene mucha suerte.”

Lucy hizo un gesto hacia los cuerpos. “No estoy segura de llamar a esto suerte.”

“Un asesino no es tan bueno la primera vez, o tuviste un nuevo tipo de asesino mientras yo estaba lejos, en el reino de las hadas?”

“Nop. La mayoría de los asesinos son bastante normales. El nivel de violencia y víctimas difiere pero estás sobre un ochenta o noventa por ciento más probable de ser asesinado por tu persona más cercana y querida que por un extraño, y la mayoría de los asesinatos son corrientes/normales, de un modo deprimente.”

“Este es deprimente,” dije “pero no corriente.”

“No, no es lo normal. Espero que éste sea la única escena perfecta de este tipo que consiga realizar el método que tiene el asesino.”

“¿Crees que lo será?” le pregunté.

“No” dijo ella. “No lo creo.”

“¿Puedo alertar a los semiduendes locales de que tengan cuidado, o ya has intentado no revelar el perfil de las víctima a los medios de comunicación?”

“Adviérteles, porque si nosotros no queremos hacerlo y esto sucede de nuevo, nos acusarán de ser racistas, ¿o esto es ser especista?” Ella sacudió su cabeza, regresando hacia el cordón policial. Yo la seguí, alegre de dejar atrás a los cadáveres.

“Los humanos pueden cruzarse con los semiduendes, así que no creo que especista se aplique.”

“Uno no se puede reproducirse con algo del tamaño de una muñeca. Eso está equivocado.”

“Algunos de ellos tienen dos formas, una diminuta y otra no mucho más que pequeña que yo.”

“¿Cinco pies (aprox. 1 m. 52 cm.)? En serio, ¿de ocho pulgadas (aprox. 30 cm.) de altos a cinco pies?”

“Sí, en serio. Es una rara habilidad, pero sucede, y los bebés son fértiles, así que no creo que eso sea bastante para hablar de razas diferentes.”

“No pretendía ofenderte” dijo ella.

“No me he ofendido, sólo te lo estaba explicando.”

Estábamos casi en el cordón policial y cerca también de mis visiblemente ansiosos novios. “Disfruta de tu sábado” me dijo.

“Te diría lo mismo, pero sé que estarás aquí durante horas.”

“Sip, creo que tu sábado va a ser más divertido que el mío.” Miró a Doyle y Frost mientras la policía finalmente les dejaba adelantarse. Lucy les dirigía una mirada llena de admiración desde detrás de sus gafas de sol. No la culpé.

Me saqué los guantes incluso cuando no había tocado nada. Los dejé caer encima del montón de otros guantes desechados que estaba encima en ese lado de la cinta. Lucy me levantó la cinta y yo incluso no tuve que pararme. Algunas veces ser de baja estatura es bueno.

“Oh, verificar las flores, floristerías...” dije.

“Ya estamos en ello.” dijo ella.

“Lo siento, a veces me dejo llevar contigo por ayudar.”

“No, todas las ideas son bienvenidas, Merry, lo sabes. Es por eso que te llamé para que vinieras aquí.” Me dijo adiós con la mano y volvió a la escena del crimen. No puede echarle un apretón de manos porque aún llevaba los guantes y las evidencias.

Doyle y Frost eran casi para mí sola, pero no íbamos a ir a la playa pronto, tampoco. Tenía que advertir a los semiduendes, y tratar de encontrar una manera de explicar si la mortalidad se había extendido hasta ellos, o si había algún tipo de magia aquí en Los Ángeles que pudiera robarles su inmortalidad. Había cosas que podían matarnos a la larga, pero no había muchas cosas que pudieran permitirte cortarle la garganta a toda una familia alada. Ellos eran la esencia del reino de las hadas, más aún que las altas cortes nobles. Si yo encontrara algo seguro se lo diría a Lucy, pero hasta que tuviera algo que fuera útil guardaría mis secretos. Yo sólo era humana en parte; la mayor parte de mí era un duende puro, y sabía cómo guardar un secreto. El truco estaba en cómo advertir a los semiduendes locales sin causar pánico. Entonces comprendí que no había ninguna forma de hacerlo. Los duendes son sólo como los humanos –comprenden el miedo. Ser alguien mágico, estar muy cerca de la inmortalidad, no te hace ser alguien sin temor; sólo te da una lista diferente de cosas a la que tenerles miedo.

1 comentario:

  1. Hola ^^
    Hace muy poquito que me aficioné a esta serie de libros y me gustaría agradecerte que estes traduciendo los capítulos al español.
    Jeje, muchas gracias por hacerlo!!
    Tengo que añadir que la traduccion esta muy bien hecha y que el primer capítulo me ha encantado ^^
    Byee =)

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