domingo, 27 de junio de 2010

Capítulo 10

Fui hacia Alice, que estaba detrás del mostrador, y le pregunté, “el hombre con el pelo largo y rubio, implantes de oreja, y músculos de esa mesa, ¿Cuándo se fue?”

“El se fue con la mayoría de los clientes cuando la policía llegó,” ella dijo, y su mirada era seria e inteligente.

“¿Sabes su nombre?”

“Donal” dijo.

“¿Donald?” le pregunté

Ella negó con la cabeza. “No, el es muy insistente sobre ser llamado Donal, no como al estúpido pato. Su cita, no la mía. Adoro los clásicos Disney.”

El comentario me hizo sonreír, pero lo deje ir, y le hice la siguiente pregunta. “¿Es el un cliente habitual?”

Asintió, haciendo a su coleta negra rebotar. “Sip, el viene al menos una vez a la semana, algunas veces dos.”

“¿Como es él?”

Entrecerró sus ojos y me miró. “¿Por qué quieres saberlo?”

“Compláceme.”

“Bueno, él es uno de esos hombres que son groseros hasta que el quiere encandilar a una mujer; luego es muy dulce.”

“¿El ha intentado seducirte?”

“Nop, soy demasiado humana. El solo tiene citas con hadas. Es muy insistente con eso.”

“¿Es el cariñoso con algún tipo de hada en particular?”

De nuevo me dio esa mirada. “Solo las de sangre pura como si él pudiera captarlas. El se cita con muchas hadas diferentes.”
“¿Puedes decirme algunos de sus nombres?”

La voz de Lucy llegó desde detrás nuestra, “¿Y por qué querrías esos nombres, Merry?”

Frost y Doyle se apartaron así podía mirar a la detective. Ella me estaba dando una mirada que hacía a la desconfiada mirada de Alice palidecer en comparación, desde luego Lucy era una policía. Ellos daban grandes sospechosas miradas. Ella habló más bajo. “¿Qué pasa Merry? ¿Qué piensas que vas a sacar en claro?”

La violación frustrada y el autor de las muertes fue conocido públicamente, así que le conté mis sospechas. “¿Realmente piensas que este Donal es el mismo Donald o sea del cliente que me has contado?” ella preguntó.

“Me encantaría darte una fotografía de él y ver si ellos podrían compararlos. Podría ser fácil escuchar Donal y solo ponerle una “d” al final para hacerlo un nombre más familiar, especialmente si estuvieras asustada.”

Lucy asintió. “Suficientemente común. Veré como consigo que alguien le saque una instantánea discretamente.”

“Estaremos felices de ayudar.”

Ella agitó su dedo hacia mí. “No, tú no estás envuelta en esto de nuevo. Si son la misma gente, que casi consiguieron matarte la última vez, no aparecerás en frente de ellos.” Ella miró hacia Frost y a Doyle. “Vamos, chicos grandes, ayudarme en esto.”

“Me encantaría decirle a ella que permaneciera lejos de la gente peligrosa.” Dijo Doyle, “pero ella tiene claro que su trabajo como detective requiero riesgos. Si a nosotros no nos gustase algo, podríamos enviar más guardias con ella y volver a casa.”

Lucy elevó sus cejas a ellos, Frost asintió y dijo, “tuvimos esa charla antes de que fuéramos a la escena del crimen esta mañana.”

“La única carta, como usted diría, que podemos jugar es la del potencial daño de los bebes que ella lleva, e incluso debe ser jugada cuidadosamente.” Dijo Doyle. Sus labios descubrieron durante un momento una sonrisa, como si él estuviera divirtiendo y a la vez no.

“Si, eso es lo que he aprendido. Ella parece toda suave y femenina, pero empújala y será como intentar empujar una pared de ladrillos. No se moverá, ni ella tampoco,” dijo Lucy.
“Conoces a nuestra princesa,” dijo Doyle, y sus palabras fueron tan secas que tuve que tomarme un momento para escuchar el humor en ellas.

Lucy asintió, luego me miró. “Tenemos los nombres de las citas de este tío. Buscaremos por el distrito. Nosotros conseguiremos una foto y lo buscaremos. Y por “nosotros” quiero decir la policía, no tu y alguno o cualquiera de tu agencia o tu séquito.” Ella apuntó su dedo hacia mí como si fuera un niño terco.

“Tú me has usado como señuelo donde el peligro era más real que buscando algunos datos.” Dije.

“No sabía que eras la Princesa Meredith, y que estabas embarazada.” Ella levantó una mano antes de que pudiera hacer más que tomar un suspiro de protesta. “Primero, antes pude traerte a la escena del crimen de hoy, con advertencias de mis superiores de que no te pusiese en peligro. Que si algo te sucediese sería por culpa mía, era mi culo el que cortarían en trocitos.”

Suspiré. “Lo siento, Lucy.”

Ella agitó su mano como si nada. “Pero lo más importante para mí, te conozco desde hace cuatro años, y así es como más feliz te he visto nunca. No quiero joder esto porque estés ayudándome con un caso. No eres un policía. No tienes que poner todo en el caso. Ese es mi trabajo.”

“Pero estas personas están matando a mi gente…”

Una voz aguda llegó. “¡Ellos nos son tu gente! ¡Son la mía! ¡Ellos han sido míos por 60 años!” Ella estaba chillándome como empujándose más cerca mía.

Lucy debió hacer alguna seña porque los oficiales uniformados se movieron parando su progreso. Ellos la bloquearon hasta que solo podía ver el resplandor de luces y el temblor de la cumbre de su corona de cristal.

“¡Salid de mi camino!” ella gritó. Ellos eran policías, no se salían de su camino.

Escuché a alguien gritar, “¡Gilda no!” luego uno de los uniformados cayó recto como si sus rodillas simplemente hubieran colapsado. El no hizo ningún movimiento por cogerse a el mismo, los otros oficiales le siguieron golpeando el suelo.

Los policías empezaron a chillar, “¡Tire la varita! ¡Tírela ahora!”

Doyle y Frost estaban de repente delante de mí y moviéndome lejos de la acción. Doyle dijo, “puerta.”

No lo comprendía al principio, luego Frost estaba llevándome hacia una pequeña puerta secundaria que conducía al exterior. Miré atrás para ver a Doyle cerca detrás de nosotros, pero afrontando a la policía y a Gilda. Protesté, “la puerta tiene alarma. El ruido podría hacerlo todo peor.”

La mano de Frost estaba en la manilla cuando dijo, “dice para emergencias. Esto es una emergencia.” Luego el me arrastró con un solo brazo a través de la puerta con la alarma chirriando y Doyle desparramándose detrás nuestro. Estábamos en la acera bajo la luz cálida del sol.

Doyle me cogió del otro brazo para seguir moviéndonos. “Las balas viajan. No te quiero cerca de ellas.”

Intenté soltar mis manos para liberarme, pero era como intentar hacer palanca al metal.

“Soy un detective. No podéis sacarme del caso cuando se vuelve peligroso.”

“En primer lugar y ante todo somos tus guardaespaldas.” dijo Doyle.

Dejé mis piernas muertas debajo de mí así o ellos paraban o arrastraban mis piernas desnudas y los pies por el cemento. Ellos pararon, pero solo lo suficiente para que Doyle dijera, “cógela.”

Frost me recogió y seguimos alejándonos de la policía y del potencial disturbio feérico. La comitiva de Gilda no se tomaría amigablemente que su reina fuese arrestada, pero ¿Qué otra cosa podían hacer?

“Bien,” dije, “tenéis algo de razón.”

“¿La tenemos?” preguntó Doyle, de repente estando enfrente de Frost y de mi. Me miró furiosamente, podía sentir todo el peso de su enfado a través de sus oscuras gafas. “No creo que te hayamos hecho entrar en razón del todo, o si no hubieras sido la primera en atravesar la puerta.”

“Doyle”, Frost empezó.

“No,” el dijo, y nos apuntó a ambos con su dedo. Cuando Lucy lo hizo me recordaba a un niño siendo regañado, pero era algo fatídico que Doyle extendiera su cabalgante furia por su cuerpo. “¿Qué, si te hubiese alcanzado una bala desviada? ¿Qué, si te hubiese alcanzado una bala desviada en el estómago? ¿Qué, si hubiera matado a nuestros niños porque tu simplemente no huiste?”

No sabía que decir a esto. Solo permanecía allí. El estaba en lo correcto porque él estaba en lo correcto, pero…

“No puedo hacer mi trabajo de ese modo.”

“No,” el dijo, “no puedes.”

De pronto sentí como la primera lágrima se deslizaba por mi cara.

“No llores,” dijo.

Otra lágrima se unió a la primera. Luché por no limpiarlas.

Su mano cayó a su costado y tomó una profunda respiración. “No es justo. No llores.”

“Lo siento, no quise decir eso, pero estás en lo cierto, creo. Estoy embarazada, demonios, no decrépita.”

“Pero tu llevas el futuro de la Corte de la Oscuridad en tu cuerpo.” El se apoyó en mí así que sus brazos rodearon a Frost hasta que sus caras se tocaron y ambos se quedaron mirándome. “Tú y los bebes son demasiado importantes para arriesgarlos, Meredith.”

Me enjuagué las lágrimas, enfadada ahora por haber llorado. Había estado haciéndolo últimamente. El doctor me dijo que eran las hormonas. Demasiadas emociones que no necesitaba justo ahora.

“Estás en lo cierto, pero no sabía que íbamos a acabar con la policía alrededor nuestra y las armas.”

“Si tu simplemente evitaras los casos en los cuales la policía está envuelta, habría más garantía de que el final no estará rodeado por policías y armas.” Dijo.

De nuevo no podía discutir su lógica, pero quería hacerlo. “Primero, bájame; estamos atrayendo demasiada atención.”
Ellos miraron fuera del círculo de sus brazos encima de mí, había gente mirándonos fijamente, susurrando entre ellos. No tenía que oírlos para saber lo que estaban diciendo. “¿Es ella?” “¿La Princesa Meredith?” “¿Son ellos?” “¿Es esa la Oscuridad?” “¿Es ese el Asesino Frost?” Si no teníamos cuidado, alguno podría llamar a la prensa y seríamos sitiados.

Frost me bajó, y comenzamos a andar. Enfocar en movimiento era siempre más difícil al fotografiar. Intenté mantener mi voz baja cuando dije, “no puedo evitar este caso, Doyle. Ellos están asesinando hadas aquí en el único hogar que nos queda. Somos nobles de la corte; las hadas menores están observándonos, esperando para ver que vamos a hacer.”

Una pareja surgió de pronto, la mujer diciendo, “¿Eres tú la Princesa Meredith? ¿Eres tú, no?” Asentí.

“¿Puedo tomarte una foto?”

Hubo un sonido en el lateral como si alguien usara su teléfono para tomar una foto sin preguntar. Si ellos tenían un buen teléfono, la foto podría estar en Internet casi instantáneamente. Teníamos que conseguir llegar al coche y salir de aquí antes de que la prensa cayera sobre nosotros.

“La princesa no se está sintiendo bien,” dijo Doyle, “necesitamos llevarla al coche.”

La mujer tocó mi brazo y dijo, “oh, se lo duro que puede ser estar embarazada. Tuve unos terribles embarazos cada vez. ¿No es así querido?

Su marido asintió, y dijo, “¿Solo una foto rápida?”

Permitimos que hicieran su “rápida” foto la cual raramente era rápida, luego nos apartamos. La voluntaria foto había sido un error, porque otros turistas querían una foto y Doyle dijo no, lo cual los disgustó, “ellos tienen una foto,” ellos dijeron.

Seguimos moviéndonos pero un coche se paró en mitad de la calle, una ventana bajó y una lente de una cámara emergió. Los paparazis habían llegado. Era como el primer golpe del ataque de un tiburón.

Pasaban golpeándote para ver que hacías y si eras comestibles. Si tú lo eras, en el siguiente golpe usarían sus dientes. Teníamos que salir de vista meternos en una propiedad privada antes de que los demás llegaran.

Un hombre voceó desde su coche, “¡Princesa Meredith, mira hacia aquí!” ¿Por qué estas llorando?”

Eso fue todo lo que necesitábamos, no solo fotografías de nosotros sino encima captando que estaba llorando. Ellos se sentían libres para especular el por qué, pero había aprendido que intentar explicarlo era peor. Nos hicimos a nosotros mismos un enfoque en movimiento. Fue lo mejor que podíamos hacer mientras los fotógrafos se acercaban corriendo hacia nosotros por la acera, desde la dirección a la que nos estábamos dirigiendo. Estábamos atrapados.

2 comentarios:

  1. gracias por los capis, la tradu esta rebuena, eres una capa mujer!!!
    ya me hic tu seguidora... jejee para poder saber cuando subes los capis mas rapido....
    besos y gracias de nuevo!

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  2. Muchisimas gracias por tu trabajo, excelente, y que además lo compartas con todos... eso es lo mejor de todo, me quito el sombrero.

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