miércoles, 30 de junio de 2010

Capítulo 12

Había ambulancias, policías, y cristal por todos lados. En la tienda ninguno de nosotros estaba herido, pero a algunos paparazis habían tenido que llevarlos al hospital. La mayoría de las personas embutidas en el cristal habían sido fotógrafos intentando conseguir la foto que los haría ricos. Se rumoreaba que ciertas fotos valdrían cientos de miles de dólares. Después de hoy, creería los rumores.

Lucy permanecía encima mía mientras el médico de la ambulancia me revisaba. Mi protesta de, “estoy bien. No estoy herida,” cayó en saco roto. Cuando Lucy me había encontrado dentro de la charcutería cubierta de cristales rotos se había quedado blanca. Miré a la alta morena y me di cuenta que aunque nunca hubiéramos ido de compras juntas, ella era mi amiga.

El ats tiró del tensiómetro de mi brazo y dijo, “todo parece estar bien. La tensión, todo. Pero no soy doctor, y claro como el día que tampoco un pediatra.”

“¿Entonces piensa que debería ir al hospital?” Preguntó Lucy.

El ats frunció el ceño y sentí su dilema. Si él decía que no y estaba equivocado, el estaría jodido. Pero había otras personas quienes estaban realmente heridos, y si el dejaba a alguno detrás por llevarme, y por casualidad, ese moría, estaría jodido también.

Ella se giró hacia Doyle y Frost buscando su apoyo. “Díganle a ella que necesita ir a un hospital.”

Ambos intercambiaron una mirada, luego Doyle le dio un pequeño asentimiento como si dijese, “Adelante,” y Frost contestó, “No le “diremos” a Merry que eso lo que tiene que hacer, detective. Ella es nuestra princesa.”

“Pero ella lleva vuestros bebes,” dijo Lucy.

“Eso no nos da el derecho de ordenarle.” Dijo.

Doyle añadió, “espero que comprenda que es lo mejor para todos, detective Tate.”

Ella les endureció el gesto a ambos, luego se giró hacia mí. “Prométeme que tendrás cuidado y serás responsable.”

“Lo prometo,” le dije.

Ella tomó un montón de aire, y luego lo dejo de ir lentamente, luego asintió. “Bien. Ok. Te dejaré ir. Si ninguno de vosotros estáis preocupados, no sé por qué me tomo las molestias.”

Le sonreí. “Porque somos amigas, y la amigas se preocupan las unas por las otras.”

Ella me miró casi avergonzada, luego me sonrió abiertamente. “Bien. Ve y disfruta del resto del sábado.”

Doyle extendió una mano y le permití que me ayudara a ponerme de pie aunque realmente no lo necesitaba. Ambos habían estado más calmados que Lucy, pero luego ellos estarían conmigo todo el tiempo. No sabían nada de lo que me había pasado físicamente, pero eran muy cuidadosos en comparación a como lo habían sido antes. Era conmovedor y un poco irritante. Estaba preocupada de que mientras el embarazo progresara sería menos conmovedor y mucho más irritante, pero me preocuparía de esto en otro momento. Éramos libres de ir a la playa, y aun había luz del sol que disfrutar. Todo era estupendo.

El ats preguntó, “¿Entonces, todo terminado aquí princesa?”

“Si,” dijo Lucy, “ve y encuentra a alguien que se esté muriendo por dar una vuelta.”

El sonrió, obviamente aliviado, y corrió por encontrar a alguien quien realmente necesitara una carrera al hospital.

“Te daré un par de policías para que te escolten de vuelta al coche.” Ella señaló con un asentimiento hacia la prensa que estaban refrenados por una cinta y barreras. Extrañamente, los paparazis que habían sido heridos, eran noticia por si solos. Me preguntaba si ellos serían felices de estar al otro lado de la cámara.

“Alguno de ellos nos seguirán a la playa.” Dijo Frost.

“Intentaré perderlos.”

“No, no quiero ver lo que esto podría deparar en las carreteras de la playa.” Dijo Doyle tan rápido que incluso Lucy pilló su ansiedad.

“Tan alto, oscuro, y mortífero, y aun no se siente cómodo con los coches.” Ella dirigió el comentario hacia mí.

Le sonreí y agité mi cabeza.

“Prefiero la limusina; al menos no puedo ver la carretera tan claramente.”

Lucy sonrió y agitó su cabeza. “Sabes, esto hace que me gustes mas, sintiendo miedo por algo, Doyle.”

Él le frunció el cejo, y probablemente iba a responderle, pero el teléfono de ella sonó. Ella lo comprobó, y vio que necesitaba responder. Nos señaló con un dedo para que esperáramos.

“Dime que es un chiste,” dijo ella. Su tono no era nada divertido.

“¿Cómo?,” ella preguntó, luego escuchó y dijo, “ya veremos cómo lo arreglaremos.” Colgó el teléfono y maldijo suavemente, completamente bajo su aliento.

“¿Qué va mal?” Pregunté.

“Mientras estábamos haciendo limpieza de este lío, nuestro testigo se dio a la fuga. No podemos encontrarla.”

“¿Cuándo consiguió ella…?”

“Él no lo sabe. Aparentemente cuando había solo unos pocos de nosotros, el cortejo de Gilda se volvió excitado, cuando ellos se calmaron, el testigo se había ido.” Noté que ella era cuidadosa en no decir el nombre de Bittersweet en público. Era una buena precaución cuando los asesinos eran mágicos; tú nunca sabías quién, o cómo, está escuchando.

“Lucy, lo siento. Si no hubieras tenido que venir a ayudarnos, eso no hubiera ocurrido.”

Ella miró furiosamente a los paparazis que no estaban heridos pero que la policía los había forzado a esperar para interrogarlos. “Tú no hubieras necesitado ayuda si esos bastardos no te hubieran acosado.”

“No creo que puedas culparlo a ellos de algo.” Dije.

“Encontraremos algo,” dijo ella, con su voz llena de furia. El enfadado era probablemente por la escapada de Bittersweet y por tener que contarles a sus jefes que ella estaba rescatando a la princesa de las hadas de los grandes y malos reporteros cuando esto estaba ocurriendo, pero los paparazis ilesos serían un buen objetivo para su enfado.

“Vamos, disfrutad del fin de semana. Le echaré un ojo a esta gente y os daré un escolta para que os acompañe al coche. Mandaré algunos coches para asegurarme que no os siguen desde Fael, pero si ellos te están esperando más allá” –ella se encogió- “no hay nada más que pueda hacer.”

Tomé su mano y se la apreté. “Gracias por todo, y siento que vayas a sufrir por culpa de lo del testigo.”

Ella sonrió, pero sus ojos no eran lo suficientemente felices. “Podré con ello. Vamos, ten tu picnic o lo que sea.” Se apartó, y volvió a su ceño fruncido. Se acercó a nosotros y susurró. “¿Cómo encontrarías a alguien que es solo cuatro pulgadas de alto en una ciudad del tamaño de Los Ángeles?”

Era una buena pregunta, y tenía una práctica respuesta. “Ella es una de las más pequeñas de nosotros, así que ella es muy sensible al metal y a la tecnología. Por tanto búscala en parques, espacios vacíos, calles con aceras con grandes árboles. Ella necesita de la naturaleza para sobrevivir.

“¿Qué clase de hada de las flores es ella?” Preguntó Frost.

“No lo sé,” dijo Lucy.

“Buena idea, Frost,” dije. “Averígualo, Lucy, porque ella estará atraída por sus plantas. Algunas están tan vinculadas a un trozo de tierra que si sus plantas se extinguieran ellas morirían.”

“Guau, eso la hace ambientalmente activa,” dijo Lucy.

Asentí.

“¿Quién podría saber que flores le gustan?”

“Robert debe saber,” dije.

“Gilda sabría,” dijo Doyle.

Lucy le frunció el ceño. “Ella ha sido llamada por su abogado. No va a hablar con nosotros.”

“Lo hará si le dices que no cooperar dañará a su gente,” dijo Doyle.

“No creo que le importe demasiado,” dijo Lucy.

Él le dio una pequeña sonrisa. “Dile que Meredith se preocupa más mas que ella, obviamente esto implica que Meredith es un mejor y afectuoso gobernante, así creo que Gilda como mínimo te dirá las plantas.”

Ella lo miró con un asentimiento de aprobación. “Ellos son guapos y listos. Eso no es feérico. ¿Por qué no puedo encontrar a un príncipe azul como estos tíos?”

No estaba segura de que decir, pero Doyle lo estaba. “No somos los príncipes azules en nuestra historia, detective Tate. Meredith fue a nuestro rescate y nos salvó de nuestros tristes destinos.”

“¿Entonces ella es la princesa azul?”

Él sonrió y esta vez fue brillantemente, algo que usualmente no hacía. Hizo que Lucy se sonrojase solo un poco, y comprendí que a ella le gustaba Doyle. No podía culparla. “Si, detective, ella es nuestra princesa azul.”

Frost tomó una de mis manos en las suyas, y me miró con todo en sus ojos. “Ella lo es.”

“Entonces más bien esperaré a que el príncipe me encuentre, ¿necesito buscar a alguien al que salvar y llevar a casa?”

“Eso funcionó para mi,” dije.

Ella agitó su cabeza. “Salvo a personas todos los días, o lo intento, Merry. Solo una vez me gustaría ser salvada por alguien.”

Agité mi cabeza. “Yo he sido ambas, Lucy. Confía en mí, es mejor ser el que rescate.”

“Si tú lo dices. Tengo que ir a ver si Robert sabe dónde encontrar a nuestra pequeña amiga.” Nos despidió con su mano y se encaminó hacia el gentío.

Dos oficiales uniformados aparecieron como si ella les hubiera dicho que se acercaran cuando ella nos dejara, probablemente lo hizo. Eran nuestros viejos amigos Wright y O’ Brian. “Suponemos que debemos vigilar que lleguen seguros al coche,” dijo Wright.

“Pues vamos,” dije.

Empezamos nuestro viaje de vuelta por el camino que habíamos venido, a través del bombardeo de nuevos flashes de cámaras de más y más paparazis y reporteros.

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