sábado, 12 de junio de 2010

Capítulo 5

Fael era todo de madera pulida, tallado a mano cuidadosamente. Sabía que la mayoría de la carpintería de interior había sido recuperada de los salones del viejo Oeste que habían sido demolidos. El perfume herbal y el dulce almizcle de la cera combinaban con el rico aroma del té, y de fondo estaba el perfume del café, tan delicioso que podías saborearlo en tu lengua. Debían de haber terminado de moler café fresco para algún cliente, porque Robert insistía que el café se tapara fuertemente. El quería guardar el frescor, pero era más que el olor del café no aplastara el dulce aroma de sus tés.

Todas las mesas estaban llenas, y había gente sentada en los lados curvados del bar, esperando por mesa o para tomarse un té. Había casi el mismo número de humanos que de hadas, pero ellos eran hadas menores. Bajé un poco el glamur, aquí podíamos ser los únicos sidhe. No había muchos sidhe en el exilio en L.A., pero algunos los habíamos visto aquí en Fael un lugar frecuentado por seres menores. Había un par de clubs más allá que se encargaban de los sidhe y de los aspirantes a sidhe. Ahora que había iluminado la piel de Doyle, sus orejas lo marcaban como un posible aspirante quien había obtenido esas orejas puntiagudas con implantes, así el parecía como un “elfo”. Realmente había otro hombre alto sentado en la mesa más lejana con sus propios implantes. Incluso se había dejado crecer su largo pelo rubio liso. Era atractivo, pero la forma de sus fuertes hombros decía que se los trabajaba duro en el gimnasio, y un poco de brusquedad que lo marcaba como humano y no como sidhe, como una escultura que no estaba del todo suave.

El aspirante rubio estaba mirándonos. La mayoría de los clientes lo hacían, pero luego apartaban la mirada. El rubio alternaba la mirada de su taza de té a nosotros, no me gustaba ese nivel de atención. El era demasiado humano para ver a través del glamur, pero no me gustaba. Y no estaba segura de por qué. Era como si lo hubiera visto en algún lugar anteriormente, o debería saber quién es. Una sensación constante. Probablemente estaba un poco nerviosa. Las escenas de asesinato hacen que algunas veces, veas tipos malos por doquier.

Doyle tocó mi brazo. “¿Qué está mal?” Susurró contra mi pelo.

“Nada. Solo pensé que conocía a alguien.”

“¿El rubio con los implantes?” me preguntó.

“Hm-hm,” le dije, sin mover mis labios, porque realmente no me gustaba como nos estuviera mirando.

“Bien hecho por unirnos en esta bonita mañana”. Era una sana y calurosa voz, una que te recibía y te hacía feliz por haber venido. Robert Thrasher, como en una paliza de trigo, permanecía detrás del abrillantado mostrador de madera con una blanca y limpia ropa. El nos estaba sonriendo, su bonita avellanada cara marrón. El había permitido que la cirugía moderna le diera una nariz, hacía sus pómulos y barbilla elegantes, aunque pequeños. El era alto para un brownie, mi propia estatura, pero todavía bajo, el doctor el cual había hecho su cara se había asegurado que si tu no lo habías conocido antes de que el solo tuviese dos agujeros donde debería estar la nariz, y una cara cercana a la del Fear Dearg, nunca sabrías que él no había sido este delicado y guapo hombre toda su vida.

Si cualquiera me preguntase por una recomendación de cirugía plástica, lo mandaría al doctor de Robert. El sonrió, solo el borde de sus ojos marrones oscuros mostraban su preocupación, pero ninguno de los clientes podía ver esto. “Tengo tu pedido en la parte de atrás. Vuelve y tómate una taza antes de que lo apruebes.”

“Suena bien,” dije, todo feliz para ir con su tono. Había vivido en la corte de la Oscuridad donde la única magia que podía hacer era el glamur. Sabía cómo pretender sentir cosas que no estaba sintiendo para nada. Esto me hizo buena para el trabajo en secreto de la Agencia de Detectives Grey.

Robert ofreció el paño a una joven mujer quien parecía una chica de calendario para Góticos del Mes, desde su pelo negro hasta su minivestido de terciopelo negro, sus medias de rayas, y sus anticuados y retros zapatos. Ella llevaba un tatuaje en el cuello y un piercing a través de sus labios pintados de negro.

“Cuida la parte de delante por mí, Alice.”

“Lo haré,” dijo y le sonrió radiantemente. Ah, un gótico alegre, no uno sombrío. La actitud positiva hace una mejor ayuda en la barra.

El Fear Dearg estaba detrás nuestra, retorciendo su cara en una sonrisa para la alta chica humana. Ella le sonrió, y no había sombra en su cara que dijera cualquier cosa excepto atracción por el hada menor.

Robert se estaba moviendo y estábamos siguiéndole, así que dejé ir las especulaciones de si Alice y el Fear Dearg eran pareja, o al menos conectaban. El no era mi tipo, pero luego supe de lo que él era capaz, ¿sería el de ella?

Agité mi cabeza y lo rechacé. Su vida amorosa no me incumbía. El espacio de la oficina era cuidado y moderno pero con cálidos tonos tierra, tenía una pared con fotografías de hogares para que así todos los empleados, incluso aquellos sin escritorio, pudieran traer fotos familiares y verlas durante el día. Robert y su compañero estaban fotografiados en camisetas tropicales en frente de un precioso atardecer. Alice la gótica tenía varias fotos, cada una con un amigo diferente; quizás era solo amistosa. Había un tabique, todavía en esa cálida sombra entre habano y marrón, que separaba el área de descanso del espacio de oficina. Oímos las voces antes de que pudiéramos verlos por el tabique. Una era baja y masculina, la otra era alta y femenina.

Robert los llamó con una alegre voz, “tenemos vista, Bittersweet.”

Hubo un pequeño grito, y el sonido de porcelana rota, luego giramos alrededor de la esquina del tabique. Había un bonito sofá de piel con cojines, una larga mesa de café, algunas bebidas y máquinas de aperitivos casi escondidas por un biombo oriental, un hombre y una pequeña hada voladora.

“Lo prometiste,” chilló ella, y su voz era fina y enojada tanto que había un rastro de un zumbido, como si ella fuera el insecto al cual se parecía. “¡Prometiste que no lo contarías!”

El hombre estaba de pie, intentando confortarla mientras ella sobrevolaba cerca del techo. Sus alas eran una imagen borrosa, y sabía que cuando parara de moverlas no serían alas de mariposa, pero algo muy rápido. Sus alas reflejaban la luz artificial con pequeños parpadeos de colores de arcoíris. Su vestido era morado, solo un poco más oscuro que el mío propio. Su cabello caía sobre sus hombros en ondas rubias y blancas. Ella apenas taparía mi mano, pequeña incluso para los estándares de los semiduendes.

El hombre que intentaba calmarla era el compañero de Robert, Eric, quien tenía unos 5 pies de altura, esbelto, pulcro, bronceado y atractivo de una manera pija. Ellos llevaban siendo una pareja más de 10 años. Antes de Eric, el último amor de Robert había sido una mujer a la cual le había sido fiel hasta su muerte a los ochenta y algo. Pensé que era valiente que Robert amara a otro humano tan pronto.

Robert habló bruscamente. “Bittersweet, no prometimos contárselo a nadie, pero fuiste tú la que voló hacia aquí farfullando histéricamente. ¿Creíste que alguien no lo contaría? Estás de suerte ya que la princesa y sus hombres están aquí antes que la policía.”

Ella voló hacia él, con sus diminutas manos listas para pelear, y en sus ojos brillando la furia. Ella le golpeó. Pensarías que algo tan pequeño como una barbie no podría encajarte un puñetazo, pero estarías equivocado.

Ella le golpeó, y yo estaba detrás de él, así que sentí las ondas de energía que vinieron antes y alrededor de su puño como una pequeña explosión. Robert estaba en el aire, e inclinándose hacia mí. Solo la rapidez de Doyle poniéndose entre mí y el hombre cayéndose, y Frost jalándome del camino de ambos, hicieron que no cayera también.

Bittersweet volvió contra nosotros, y vi la onda de poder alrededor de ella como el calor en un día de verano. Su pelo formaba un aro pálido alrededor de su cara, alzado por el viento de su propia energía. Era la magia que mantenía un “humano” tan pequeño vivo, sin ella tendría que comer múltiples veces su propio cuerpo en peso cada día, como un colibrí o una musaraña.

“No seas imprudente,” dijo Frost. Su piel se sentía fría contra la mía como si su magia despertara en un hormigueo del frío invierno. El glamur que había usado para ocultarnos decreció, en parte porque para conservarlo con su magia viniendo era duro, y en parte porque esperaba ayudar a traer a la pequeña hada hacia sus sentidos.

Sus alas pararon, y tuve un momento para ver el cristal de alas de libélulas en su diminuto cuerpo, como si ella hubiera estado en el aire y en el equivalente humano hubiera tropezado en un suelo desnivelado. Eso hizo que bajara hacia el suelo antes de que se cogiera a ella misma y subió hasta el nivel de los ojos de Frost y Doyle. Se giró de lado, por tanto ella podía ver a ambos. Su energía disipada a su alrededor como si ella la sostuviese. Hizo una reverencia de torpe cortesía en el aire. “Si te escondes con el glamur, Princesa, ¿cómo va a saber un hada como actuar?”

Empecé a bordear el cuerpo de Frost, pero él me paró a la mitad con su brazo, así que tenía que hablar a través de su protección. “¿Nos hubieras dañado si hubiéramos sido simples humanos que tienen partes de hada?”

“Te pareces a los elfos a los que los humanos se disfrazan.”

“Te refieres a los aspirantes,” le dije.

Ella asintió. Sus ondas rubias cayeron alrededor de sus delgados hombros en preciosos tirabuzones, como si el poder los hubiera rizado.

“¿Por qué te asustaría un aspirante humano?” Doyle preguntó.

Sus ojos giraron hacia él, y luego volvieron a mí como si cualquier señal de él la asustara. Doyle había sido el asesino de la reina por siglos; el hecho de que estuviera conmigo ahora no borraba su pasado.

Ella le contestó su pregunta mientras me miraba. “Los vi bajando la colina donde mis amigos estaban…” Aquí ella paró, puso sus manos enfrente de sus ojos, y empezó a llorar.

“Bittersweet,” dije, “siento tu pérdida, pero ¿estás diciendo que vistes a los asesinos?”

Ella asintió sin mover sus manos de su cara, y empezó a llorar más fuerte, una sorprendente cantidad de ruido proviniendo de algo tan pequeño. El llanto tenía un borde de histeria, y conjeturé que no podría culparla.

Robert se movió hacia Eric, y ellos se sujetaron las manos como si Eric preguntase a Robert si él estaba herido. Robert solo movió su cabeza.

“Tengo que hacer una llamada,” dije.

Robert asintió, y algo en sus ojos me permitió saber que el comprendía a quien iba a llamar y por qué lo estaba haciendo en esta habitación. La pequeña hada no parecía querer que nadie supiera lo que ella había visto, tenía que llamar a la policía.

Robert nos permitió volver al almacén que estaba detrás de las oficinas, pero no antes de que él tuviera al Fear Dearg sentado con Eric y el semiduende. La seguridad extra parecía una muy buena idea.

Frost y Doyle empezaron a venir conmigo, pero les dije, “uno debe permanecer con ella.”

Doyle ordenó a Frost que lo hiciera, mientras el permanecía conmigo. Frost no argumentó; el llevaba siglos siguiendo las órdenes de algún otro sidhe. Era un hábito que la mayoría de los guardias hacían lo que Doyle decía. Doyle cerró la puerta detrás de nosotros mientras marcaba el móvil de Lucy. “Detective Tate.”

“Soy Merry.”

“¿Tienes algo?”

“¿Algo como un testigo quien ha visto a los asesinos?”

“No bromees,” dijo.

“No bromeo, planeo publicarlo.”

Ella casi se rio. “¿Dónde estás, y quién es? Podemos mandarte un coche y traeros.”

“Es un semiduende, uno diminuto. Probablemente no puede ir en coche sin ser herida por el metal y la tecnología.”

“Mierda. ¿Tendría problemas en venir a los edificios del cuartel general?”

“Seguramente.”

“Doble mierda. Cuéntame dónde estás e iremos allí. ¿Tienen alguna habitación donde podamos preguntarle?”

“Si.”

“Dame la dirección. Estamos en camino.” La oí moverse a través de la hierba bastante rápido ya que sus pantalones de sport hacían un sonido tal como whish-whish.

Le di la dirección.

“No te muevas. Tendré a los policías más cercanos yendo a cuidar eso, pero ellos no tendrán magia, solo armas.”

“Esperaremos.”

“Estaremos allí en veinte minutos si el tráfico realmente se aparta del camino de las luces y las sirenas.”

Sonreí, incluso aunque ella no pudiese verlo. “Entonces te veremos en treinta minutos. Nadie mueve el tráfico aquí.”

“Quedas al cargo. Estamos en camino.” Oí el aullido de las sirenas antes de que colgara el teléfono.

“Están en camino. Ella quiere que permanezcamos aquí hasta después de que los policías más cercanos lleguen.” Dije.

“Porque ellos no tienen magia, y su asesino si,” dijo Doyle.

Yo asentí.

“No me gusta que la detective te pida que te pongas a ti misma en peligro por su caso”

“No es por su caso. Es para no tener a nuestra gente moribunda nunca mas, Doyle.”

El me observó, estudiando mi cara, como si él no la hubiera visto antes. “Deberías permanecer en otro lugar.”

“Cuando ellos me echen a patadas, entonces sí.”

“¿Por qué?” él preguntó.

“Nadie asesina a nuestra gente y escapa de ello.”

“¿Cuándo sepamos quién hizo esto tendrás la misma determinación para verlos en un juicio de la corte humana?”

“Quieres decir, ¿enviarte para que te encargues de ellos a la manera antigua?” Era mi turno para estudiar su cara.

El asintió.

“Creo que iremos con la corte.”

“¿Por qué?” él preguntó.

No intenté decirle que sería la manera correcta. El me había visto asesinar a gente por venganza. Era un poco tarde para esconderme en la santidad de la vida ahora. “Porque estamos en un exilio permanente aquí en el mundo humano y necesitamos adaptarnos a sus leyes.”

“Serías más fácil si los asesinara, y guardar el dinero de los contribuyentes.”

Sonreí, y negué con la cabeza. “Si, podría ser fiscalmente responsable, pero no soy el alcalde, y no administro el presupuesto.”

“Si lo hicieras, ¿los mataríamos?”

“No,” dije.

“Porque estamos actuando bajo las reglas humanas ahora,” el dijo.

“Si.”

“No podremos actuar bajo las reglas humanas todo el tiempo, Merry.”

“Probablemente no, pero hoy lo haremos.”

“¿Es eso una orden, mi princesa?”

“Si necesitas que lo sea será,” dije.

El pensó sobre ello, luego asintió. “Tomará algo de tiempo acostumbrarse a esto.”

“¿Qué?”

“Que llevo tiempo sin ser el portador de la muerte, y además tú estás interesada en la justicia.”

“El asesino todavía podría librarse por algún detalle técnico.” Dije. “La ley no es realmente muy justa aquí, va sobre cartas de leyes y quien es el mejor abogado.”

“Si el asesino se libra por un detalle técnico, ¿entonces cuales serían mis órdenes?”

“Serían meses o años en el futuro, Doyle. La justicia se mueve lento aquí.”

“La pregunta espera, Meredith.” El estaba estudiando mi cara de nuevo.

Me encontré con sus ojos detrás de sus oscuras gafas, y dijeron la verdad. “El, o ellos, o pasan el resto de sus vidas en prisión, o mueren.”

“¿Por mi mano?” Él preguntó.

Me encogí de hombros, y aparté la mirada. “Por la mano de alguien.” Lo pasé para tocar la puerta. El agarró mi brazo, e hizo que mirara hacia él.

“¿Lo harías tu misma?”

“Mi padre me enseñó que nunca respondiera a alguien lo que no estaba dispuesta a hacer por mí misma.”

“Tu tía, la Reina del Aire y de la Oscuridad, está muy dispuesta a volver sus manos blancas azucenas sangrientas por sí misma.”

“Ella es una sádica. Solo los mataré.”

El subió mis manos y las besó ambas gentilmente. “Preferiría que tus manos abrazaran cosas más tiernas que la muerte. Déjame hacer mi tarea.”

“¿Por qué?”

“Creo que si te empapas en sangre a ti misma cambiarías a los niños que llevas.”

“¿Piensas eso?” le pregunté.

El asintió. “El asesinato cambia las cosas.”

“Haré lo mejor para no asesinar a nadie mientras esté embarazada.”

El me besó en la frente, y luego siguió bajando hasta tocar mis labios con los suyos. “Eso es todo lo que pido.”

“Sabes que lo que les ocurre a las madres mientras están embarazadas no les afectan a los niños, ¿verdad?”

“Sígueme la corriente,” el dijo, se elevó en su altura, pero manteniendo mis manos con él. No sé si le hubiera dicho que estaba siendo supersticioso pero un golpe en la puerta nos interrumpió. Frost abrió la puerta, y dijo, “Los policías están aquí.”

Bittersweet empezó a chillar de nuevo. “¡La policía no puede ayudar! ¡La policía no puede protegernos de la magia!

Doyle y yo suspiramos a la vez, nos echamos una mirada, y sonreímos. Su sonrisa era una pequeña, solo un elevamiento de sus labios, pero pasamos por la puerta sonriendo. Las sonrisas resbalaron de nuestras bocas y nos apresuramos mientras Frost volvía y decía, “Bittersweet, no dañes a los oficiales.”

Fuimos para encontrarle en el intento de mantener al hada diminuta lejos de lanzar al gran malo policía a través de la habitación.

4 comentarios:

  1. Nena, es genial lo que hacés... Soy fana de esta saga, fanática envenenada y me hiciste muy feliz con tu traducción :D
    Muchísimas gracias por tu trabajo :D
    Ya mismo avisaré en mi blog de este, así los demás pueden verlo también.
    Un abrazo :D

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  2. laqua me avisó de la existencia de este blog, llevaba tiempo buscando alguien que tradujera este libro porque me encanta Merry.
    En el foro de alishedreams se publican muchas traducciones, estoy seguro de que te permitirían publicarlo allí o, si les (me) das permiso que publiquen una referencia a tu traducción.
    En cualquier caso, ten por seguro que te leeré hasta el final.
    Muchísimas gracias por tu esfuerzo.
    Un abrazo

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  3. me encanta tu traduccion! soy una fans d esta serie me encanta meredith y sus hombre!
    SIGUELE!

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  4. gracias por estas maravillosas traducciones eres la mejor

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