“Ellos corrían colina abajo,” dijo Bittersweet en una alta y casi musical voz, pero esta música estaba desafinada hoy. Era la muestra de su estrés mientras ella intentaba contestar a las preguntas.
Estaba escondida en el cuello de Robert, mirando a hurtadillas como una niña asustada a los dos detectives vestidos de paisanos. Quizás ella estaba así de asustada, o quizás estaba interpretando un poco. La mayoría de los humanos trataban a los semiduendes como niños, por lo pequeños que eran, los ingenuos humanos vistos por ellos. Lo sabía bien.
Los dos uniformados, Wright y O’ Brian, habían asumido puestos en la puerta lejana, donde los detectives le habían dicho que permanecieran. El Fear Dearg se había ido a ayudar en la tienda, aunque le había dado un par de consejos con cuanta ayuda podía darle a los clientes. El parecía más animado a asustarlos que a tomar sus pedidos.
“¿Cuántos corrieron colina abajo?” preguntó Lucy con una paciente voz. Su compañero tenía una libreta donde estaba escribiendo. Lucy me había explicado una vez que algunas personas se ponían nerviosas mirando sus palabras siendo escritas. Podía ayudar a intimidar a sospechosos, pero también podría intimidar a testigos lo que era la última cosa que querían. El compromiso era que Lucy permitía a su compañero anotar mientras estaba siendo interrogada. Ella hizo lo mismo por mí en una ocasión.
“Cuatro, cinco. No estoy segura.” Ella escondió su cara contra el cuello de Robert. Sus delgados hombros empezaron a agitarse, y comprendimos que estaba llorando otra vez.
Lo que todos habíamos aprendido muy rápido era que ellos habían sido aspirantes a elfos machos completos con pelo largo e implantes de orejas. Había en alguna parte entre cuatro y seis de ellos, o más. Ella era muy confusa a veces, porque la mayoría de las hadas, especialmente aquellos que todavía hacían sus originales trabajos orientados a la naturaleza, usaban luz, no relojes para juzgar el tiempo.
Robert tenía a la semiduende comiendo un poco más de pastel. Tuvimos que explicarles a los detectives por qué era importante. Oh, ¿Y por qué seguíamos aquí? Cuando nos íbamos a ir, Bittersweet se había puesto histérica otra vez. Ella parecía convencida que la princesa y su guardia real harían a la policía humana comportarse, sino ellos la arrastrarían hacia la estación de policía con todo el metal y tecnología, y la matarían por accidente.
Traté de responder por Lucy diciendo que era una de los buenos, pero Bittersweet había perdido a alguien que amaba en un accidente hace décadas cuando ella y él vinieron por primera vez a L.A.. Suponía que si perdiese a uno de mis amores por la negligencia de la policía, tendría problemas de confianza también.
Lucy lo intentó de nuevo, “¿Puedes describirnos los aspirantes que corrían colina abajo?”
Bittersweet echó un vistazo con manchas de glaseado en su diminuta boca. Era tan inocente, tan víctima, aun sabiendo que la mayoría de los semiduendes preferirían la sangre fresca sobre los dulces.
“Todos son altos para mi, así que ellos eran altos,” ella lo dijo en una pequeña y aguda voz. Esta no era la voz que nos había estado chillando. Estaba jugando con los humanos. Era sospechoso, o simplemente un hábito, camuflaje para que la gente grande no le hiriese.
“¿De qué color tenían el pelo?” preguntó Lucy.
“Uno lo tenía negro como la noche, otro amarillo como hojas de arce antes de que se caigan, otro era amarillo pálido como las rosas cuando se destiñen por el sol, otro tenía el pelo como hojas cuando se han caído y pierden todo el color marrón, aunque este son marrón después de una lluvia.”
Todos esperamos, pero ella volvió al pastelito que Robert le aguantaba para ella.
“¿Qué llevaban puesto, Bittersweet?”
“Plástico,” dijo ella, al rato.
“¿Qué quieres decir con plástico?” Lucy preguntó
“Plástico transparente como el que usas para envolver las sobras.”
“¿Dices que ellos vestían un envoltorio plástico?”
Ella agitó su cabeza. “Ellos llevaban plástico sobre sus pelos y ropas, y en sus manos.”
Miré a Lucy y a su compañero luchando por no delatar que las noticias les excitaban. Esta pequeña descripción podía ayudar a explicar algo del la escena del crimen, teniendo fe en la declaración de Bittersweet. “¿Cuál era el color del plástico?”
Bebí a sorbos de mi té e intenté no atraer la atención sobre mí. Frost, Doyle y yo estábamos aquí porque Bittersweet confiaba que no la dejaríamos caer en las garras de la policía humana. Ella confiaba como la mayoría de las hadas menores hacían, que los nobles de su corte serían nobles. Lo intentaríamos. Lucy había insistido que si Doyle se sentaba en el sofá conmigo sería mejor que estar como una oscura amenaza de pie. Así que estaba sentada en el sofá entre los dos. Frost incluso se había movido desde el brazo del sofá al sofá, así tampoco sería una amenaza para ninguno.
“No tenía color,” Bittersweet dijo, y susurró algo en la oreja de Robert. El se estiró cuidadosamente para coger la taza de té así ella podría beber de ella. Era tan grande como para que se bañase en ella.
“¿Quieres decir”, preguntó Lucy, “que era transparente?”
“Eso es lo que dije,” y ella sonó un poquito más irritada. ¿Era el glamur, con el cual los semiduendes eran muy, pero que muy buenos, lo que daba un eco de zumbido de abeja a sus palabras?
“Entonces, ¿podías ver sus ropas debajo del plástico?”
Ella pareció pensar sobre ello, luego asintió.
“¿Puedes describir las ropas?”
“Ropas, ellos llevaban ropas, debajo del plástico.” De pronto ella elevó, sus claras alas de libélulas zumbando alrededor de ella como el movimiento del halo de un arcoíris. “Ellos eran gente grande. Ellos eran humanos. Ninguno de ellos se parecía a mí.” El zumbido subió de volumen, como si fuera con el trasfondo de sus palabras.
El compañero de Lucy dijo, “¿alguien escucha abejas?”
Robert se puso de pie, subiendo sus manos hacia el hada en el aire como alentarías a un pájaro para que se posara en tu mano. “Bittersweet, ellos quieren ayudar a encontrar a los hombres quienes hicieron esa terrible cosa. Ellos están aquí para ayudarte.”
El sonido de su zumbido aumentó mucho más alto, mucho más fuerte. Si hubiera estado fuera, hubiera salido corriendo. El nivel de la tensión en el cuarto subió. Incluso Frost y Doyle estaban tensos a mi lado, aunque sabíamos que el sonido era una ilusión como la que mantenía curiosa a la gente grande para estar más cerca de las pequeñas hadas, o sus plantas. Era un sonido diseñado a ponerte nervioso, o a que quisieras ir a cualquier otra parte. Lo que estaba logrando.
Hubo otro golpe fuerte de la puerta, Lucy dijo, “no ahora.” Ella mantuvo sus ojos en el hada voladora. Ella no estaba tratando a Bittersweet como a un niño ahora. Lucy había estado en su trabajo lo suficiente; ellos podían sentir el peligro. Todos los mejores policías podían notar esa sensación arrastrándose por la parte posterior de sus cuellos. Es como ellos permanecían vivos.
Robert lo intentó de nuevo. “Bittersweet, por favor, ellos están aquí para ayudarte.”
Wright abrió la puerta lo suficiente para pillar el mensaje de Lucy. Había un urgente cuchicheo de acá para allá.
La pierna de Doyle estaba tensa bajo mi brazo, listo para saltar hacia delante. La línea del cuerpo de Frost tenía un ligero temblor en toda longitud donde fuera tocado por mí como un ansioso caballo. Ellos estaban en lo cierto. Si Bittersweet usara el mismo poder con los detectives que el que había noqueado a Doyle y Robert, ellos podrían ser heridos gravemente.
Por primera vez me pregunté si Bittersweet estaba más que asustada. Una vez transformada en histeria, ¿pero dos? Me pregunté, ¿estaría ella loca? Ocurría en las hadas al igual que en los humanos. Algunas hadas se volvían locas en el exilio del reino de las hadas. ¿Se había imaginado nuestra testigo estrella a los asesinos? ¿Todo esto era para nada?
Robert se movió hacia adelante, su mano todavía elevada. “Bittersweet, cielo, por favor. Hay más pastel, y mandaré a por más té.”
El enojado zumbido subía de volumen cada vez más. La tensión en la habitación crecía con la fuerza del sonido como una nota musical alargándose tanto como si fuera a durar para siempre.
Ella se giró en el aire, sus alas haciendo un plateado y borroso arcoíris alrededor de su cuerpo. Diminuto como ella era, todo lo que podía pensar era que ella planeaba en el aire como uno de esos aviones de combate. La analogía debía haber sido ridícula para alguien con cuatro pulgadas de altura, pero la mala intención se enrollaba en ondas sobre ella.
“No soy una tonta brownie para ser calmada con dulces y té,” dijo ella.
Robert bajó el brazo, lentamente, porque el insulto era verdadero. Los brownies tomaban sus pagos en dulces y tés, o bueno licor en los viejos tiempos.
Había alguna clase de conmoción fuera de la puerta, voces altas, como si un gentío estuviera intentando lograr pasar a la policía, los cuales sabía que tendrían que estar al otro lado. Bittersweet hizo otro de esos precisos, casi mecánicos giros, esta vez hacia la puerta y el sonido. “Los asesinos están aquí. No les permitiré tomar mi magia y destruirme.” Si alguien forzara la puerta ahora, ella los lastimaría, o al menos lastimaría a Wright y a O’ Brian, quienes estaban al otro lado de la puerta.
Hice la única cosa que podía hacer. Hablé. “Pediste mi ayuda, Bittersweet.”
La maligna muñeca voladora se giró hacia mí. Doyle se movió ligeramente hacia delante del sofá, así si ella tenía otra explosión de poder él podría ser mi escudo. El cuerpo de Frost estaba tan tenso a mi lado que sentí como sus músculos debían de doler. Luché por no tensarme, por estar calmada, y transmitir tranquilidad hacia Bittersweet. Ella era una cosa zumbante llena de furia, y me pregunté de nuevo si ella estaba loca.
“Me rogaste por que permaneciera aquí y guardara tu seguridad. Me quedé, y me he asegurado de que la policía no te lleve a algún lugar con más metal y tecnología.”
Ella cayó hacia el suelo para luego subir de nuevo, pero no tan alto, y no tan preciso. Sabía suficiente de seres alados como para saber que eso era confusión, una vacilación. El sonido de abejas empezó a debilitarse.
Ella se inclinó hacia delante, su diminuta cara elevada y dijo, “permaneciste porque estaba asustada. Permaneciste porque te lo pedí.”
“Si,” le dije, “esa es exactamente la verdad, Bittersweet.”
Las voces de fuera crecieron en volumen, más estridentes. “Es demasiado tarde, Reina Meredith. Ellos han venido.” Bittersweet se giró hacia la puerta. “Ellos han venido para cogerme.” Su voz sonaba distante, y mal. Danu nos salve, ella estaba loca. La pregunta era, ¿la locura había venido antes o después de que ella viera a sus amigos muertos? El sonido de abejas empezó a elevarse de nuevo, y llegaba el olor del verano del sol pegando sobre la hierba.
“Ellos no vienen a cogerte, Bittersweet.” Dije, y envié calma hacia ella. Deseé haber tenido a Galen o Abeloec con nosotros; ellos podían proyectar emociones positivas. Abe podía hacer parar a los guerreros en la mitad de una batalla y que tomaran juntos una copa. Galen hacía feliz a todo el mundo que estuviera a su alrededor. Ninguno de los tres que estábamos sentados aquí podíamos hacer nada de eso. Podíamos matar a Bittersweet para salvar a los humanos del daño, pero ¿podíamos frenarla?
“Bittersweet, me llamaste reina. Como tu reina te ordeno no dañar a nadie en este lugar.”
Ella me miró por encima de su hombro y sus ojos almendrados destellaron azul con su magia. “No soy Bittersweet nunca más. Solo soy Bitter, y nosotros no tenemos reina.” Ella dijo. Ella empezó a volar hacia la puerta.
O’ Brian dijo, “¿Detectives?”
Todos nos levantamos y empezamos a movernos cuidadosamente después de la semiduende. Lucy estaba más cerca de mí y susurró. “¿Qué clase de daño puede hacer ella realmente?”
“El suficiente para despegar la puerta de sus bisagras.” Dije.
“Con mi gente entre ella y la puerta.” Dijo Lucy.
“Si,” dije.
“Bien, mierda.”
Estuve de acuerdo.
miércoles, 16 de junio de 2010
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me mata Lucy! es re-directa
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